La Segunda Restauración monárquica de la moderna historia española, la que ha plasmado la Constitución de 1978, apalabrada desde mucho antes por el general Franco, que la oficializó nombrando sucesor a Juan Carlos de Borbón en 1969, para lo que usó sus absolutos poderes, no en balde había ganado la Guerra Civil (1936-1939) a la República, puede aproximarse a una zona de turbulencias que pongan en cuestión su continuidad. La Primera Restauración, iniciada en 1876 al proclamar Rey los militares a Alfonso XII, capotó en 1923 cuando su hijo, Alfonso XIII, endosó el golpe de Estado del general Miguel Primero de Rivera. Siempre los militares de por medio en la historia de las Españas. ¿Qué causa situaría a la Monarquía borbónica, hoy encarnada en Felipe VI, en situación peliaguda? El hundimiento electoral del PSOE, que se finiquite su hegemonía en el campo de las izquierdas, lo que, aunque todavía ahora parezca improbable, no hay que descartar dada la sucesión de acontecimientos que lo zarandean, a los que se añaden la irresponsable acción de las derechas, tanto políticas como social-mediáticas, encaminada a dejarlo definitivamente al margen del juego político. Preciso que es eventualidad de alambicada materialización, pero no imposible.
Desarrollo la tesis: el PSOE, desde que en 1978 se convirtió en garante del pacto constitucional, ha sido principal sostén de la Monarquía; lo fue con Juan Carlos de Borbón, hasta el punto de que Alfredo Pérez Rubalcaba, auxiliado por Felipe González, hilvanó la abdicación de Juan Carlos en junio de 2014 ante la parálisis que exhibía el entonces presidente del Gobierno del PP, Mariano Rajoy, facilitando el acceso a la jefatura del Estado de Felipe VI. El partido socialista, también y sin renuencias con Pedro Sánchez, aunque desde la flota mediática de la derecha se lancen infundios en sentido contrario, ha blindado la continuidad monárquica, abortando cualquier veleidad republicana. No ha permitido que surja en su seno la matriz republicana que tiene desde que fue el principal valedor, junto con el republicanismo burgués, de la Segunda República instaurada en 1931. ¿Qué sucede si el PSOE se desfonda, pierde estrepitosamente las próximas elecciones generales, que llegarán a lo más tardar en un año, y lo que quede del partido pasa a ser controlado por los sectores que siempre han anhelado que se enarbolen las esencias republicanas? Entonces, ni el abrumador dominio de las derechas será suficiente para que la Corona quede a salvo del zarandeo al que será sometida. Cataluña y País Vasco están a la espera desde 2017 a que llegue la oportunidad. Puntas de lanza.
Un dato, la Universidad de Murcia ha realizado estudio con conclusión llamativa: España es el país europeo menos satisfecho con su Monarquía. Un 51,5% de los españoles se decanta por la opción republicana. ¿Qué escenario se abre si en las izquierdas futuras no hay un partido que siga uncido sin fisuras al pacto constitucional de 1978? Medio siglo después, las certezas están dejando de serlo.
Acotación reiterativa.- Dejando de lado el escandalazo de José Luis Rodríguez Zapatero, descomunal se mire por donde se mire, aquí, en las Islas Adyacentes, sigue siendo protagonista el presidente del Parlamento balear Gabriel Le Senne. La Fiscalía le acusa de vulnerar derechos fundamentales al haber expulsado a dos diputadas cuando, poseído de demoníaco furor incontrolable, destrozó la propiedad ajena, la foto de Aurora Picornell. Además, el Tribunal Superior de Justicia ha rechazado que pueda prohibir la colocación de la bandera LGTBI acordada por el pleno de la Cámara. Le Senne es energúmeno político, al que la presidenta Marga Prohens sostiene indignamente. La Institución ha caído muy bajo con Le Senne. Es moralmente repugnante su continuidad. ¿Lo veremos de vicepresidente del Ejecutivo regional? No lo descartemos. Las urnas se presumen propicias a Vox.
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