Aragón termina una semana excepcionalmente cálida, pero se asoma a otra sin perspectivas de cambio. La comunidad continuará siendo un horno durante, al menos, 7 días más, y las previsiones dicen que panorama se recrudecerá a partir del miércoles, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Todavía es muy pronto para adelantarlo, pero incluso alguna estación meteorológica, como la de Zaragoza Aeropuerto, podría batir su récord de calor en mayo. La foto finish podría ser de apenas unas décimas.
De manera independiente a que finalmente se produzca, es indudable que estamos viviendo días excepcionales para un mes de mayo tanto por su valores como por su duración. En municipios como Fraga, Quinto, Híjar o la propia capital aragonesa llevan ya tres días superándose de manera muy holgada los 30 grados, tocando temperaturas de 34 o incluso 35 grados, como es el caso de las dos primeras localidades citadas este pasado viernes.
Esto se traduce en anomalías extremas. Por ejemplo, las estaciones de Aemet en Calamocha, Daroca, Teruel, Huesca Aeropuerto y Zaragoza Aeropuerto, algunas de las más antiguas que tiene en Aragón, presentan una media de las temperaturas máximas entre 1991 y 2010 (último periodo de referencia) para un 24 de mayo entre los 24 grados largos y los 25 grados. Contrasta con lo que se está viviendo: entre 6 y 9 grados por encima de esas marcas. Los modelos de predicción meteorológica no muestran un alivio térmico hasta junio e incluso alertan de calor algo más intenso la próxima semana.
¿Qué está pasando?
La atmósfera funciona estos días como si hubiera levantado una rampa de aire cálido desde el norte de África hasta la Península. Esa rampa es una dorsal africana: una ondulación de las altas presiones en altura que empuja aire subtropical hacia España y, al mismo tiempo, favorece cielos despejados y aire descendente, dos ingredientes que ayudan a que los termómetros suban con rapidez.
Es el reverso cálido de lo que pasa con frecuencia durante los meses de otoño e invierno. En ese momento del año las ondulaciones de la corriente en chorro -que circulan por latitudes altas- pueden descolgar vaguadas que nos dejan en España aire frío, borrascas y temporales.
Qué es una dorsal africana / Imagen generada por IA
En esta ocasión, este fenómeno se ve reforzada por una situación de bloqueo atmosférico, explican los expertos, o lo que es lo mismo, una cúpula de altas presiones que crea una suerte de horno que estabiliza la atmósfera y favorece el recalentamiento continuado de la superficie.
¿Estamos ante la primera ola de calor del ‘verano’?
Que un episodio de calor extremo sea considerado técnicamente como ola de calor a menudo es problemático. Más allá de la impresión subjetiva inherente a cualquier fenómeno meteorológico, la Aemet establece una serie de parámetros para poder estudiar, sistematizar y comparar cada uno de los eventos a lo largo del tiempo. Es por eso que puede haber ocasiones en las que la sensación a pie de calle no siempre coincida con la estricta definición de los expertos.
El caso de las olas de calor es quizás uno de los paradigmáticos. Desde la propia Aemet advierten que «no existe una definición única y precisa» que las definan más allá de episodios de temperaturas «anormalmente altas, que se mantienen varios días ya afecta a una parte importante de nuestra geografía». Con este enunciado y lo comentado al inicio parecería que, efectivamente, estamos antes la primera ola de calor del año sin ni siquiera haber comenzado el verano. Pero no es así.

Una señora se cubre del sol con un abanico, en una imagen de archivo / Miguel Ángel Gracia
La razón es la propia definición que ha terminado adoptando Aemet para el estudio de este tipo de episodios: implica que deben darse máximas por encima del percentil del 95% de su serie diaria en julio y agosto del periodo 1971-2000 en, al menos, el 10% de estaciones de referencia (en Aragón hay 9, tres en cada provincia) durante mínimo 3 días consecutivos.
Es en este punto donde comienzan a incumplirse los criterios técnicos para hablar de ola de calor. No tanto por el momento del año en el que estamos -que a priori quedaría fuera de esa definición- porque desde Aemet precisan que el año pasado terminaron por considerarlo como tal un episodio tórrido en junio. La razón principal es que parece que no se va a alcanzar el «valor umbral» necesario en Aragón. Para ejemplificar, Zaragoza debería alcanzar los 37’5 grados; Huesca, 36’4 grados; Teruel, los 34 grados. Las previsiones no contemplan que se alcancen valores tan extremos de manera generalizada.

Tres señoras y una pareja, sentadas en la plaza del Pilar de Zaragoza / Laura Trives
Sí se abren desde Aemet a terminar considerando este episodio formalmente como una ola de calor, pero será una vez que realicen los análisis una vez que las altas temperaturas hayan quedado atrás de manera clara, en los meses de septiembre u octubre. Este ajuste, en cualquier caso, tendría un valor más de carácter científico. «Nosotros preferimos ser cautos y ahora mismo hablar de episodio de temperaturas elevadas o anormalmente altas para un mes de mayo», concluyen desde el organismo estatal.












