Jonathan Andic regresó de un viaje relámpago que hizo a Ecuador a finales de marzo de 2025 sin su teléfono móvil. El hijo del fundador de Mango explicó a su secretaria que un ladrón se lo había robado en Quito, la capital del país suramericano en la que estuvo poco más de un día. El terminal sustraído era un iPhone 14 y, al regresar a Barcelona, Jonathan se compró otro más moderno, un iPhone 16 PRO. Este último teléfono es el que han analizado los Mossos d’Esquadra. Según las fuentes consultadas por EL PERIÓDICO, en ese terminal solo hay conversaciones de Whatsapp nuevas porque Jonathan no recuperó las del móvil desaparecido.
En el auto que decreta prisión con fianza para Andic, la jueza de Martorell hace alusión a este detalle cuando enumera los indicios de criminalidad que aprecia contra el hijo del empresario fallecido: «Cambió el terminal de telefonía móvil que tenía por otro (…) borrando el contenido del antiguo teléfono».
La magistrada alude la «forma sospechosa» en que el móvil del hijo del fundador de Mango desapareció. Andic voló a Quito el día 24 de marzo. Regresó a España el 26 de marzo. «Las fechas de la desaparición del antiguo terminal coinciden con la información dada por los medios de comunicación de la reapertura del expediente judicial«, subraya la jueza.
Maniobra llamativa
La información que genera una aplicación como Whatsapp (mensajes, fotografías, documentos o vídeos intercambiados) se almacena tanto en la memoria del terminal como en una nube digital como iCloud, en el caso de Apple. Por eso, cuando un cliente renueva su terminal prosigue con sus comunicaciones sin perder el histórico de todas las conversaciones anteriores. Y, en caso de pérdida repentina de un móvil, lo habitual, según subraya un trabajador de Apple a este diario, es recurrir a una copia de seguridad antigua.
Andic, sin embargo, no dio ese paso y, cuando el juzgado de Martorell reabrió la causa por la muerte de su padre, y, en septiembre pasado, se le instó a entregar su teléfono, el investigado dio un móvil con un Whatsapp que solo contenía conversaciones de los últimos cinco meses, un periodo durante el cual, tal como subraya la jueza instructora, Jonathan ya sabía que la causa se había reabierto y que estaba en el punto de mira de la policía.
Las dos circunstancias sumadas –el supuesto robo de su teléfono en Ecuador y el hecho de que no instaló en el nuevo una copia de seguridad antigua con todos los datos de su Whatsapp– ha impedido a los Mossos d’Esquadra acceder a conversaciones que los investigadores consideran claves para este caso.
Poder leer los mensajes que Jonathan intercambió con todos sus contactos no solo permitiría arrojar luz sobre los hechos investigados, también sería importante para tener más información sobre la relación que mantenía con su padre.
El teléfono del fallecido
Ese escollo los investigadores han podido sortearlo, según se desprende de los indicios que cita la jueza de Martorell, indagando en el entorno de Jonathan y también analizando otro teléfono clave en este caso: el de la víctima. Isak Andic tenía su teléfono en el bolsillo y este sí ha podido ser recuperado.
En el terminal del fundador de Mango sí constan todas las conversaciones que mantuvo con su hijo Jonathan. Y también otro indicio de interés para la causa: Jonathan había dicho en una de sus declaraciones que él andaba unos 4 o 5 metros por delante de su padre en el instante de que cayera al vacío porque Isak se había detenido para sacar alguna foto, pero en su teléfono solo había imágenes tomadas al inicio de la excursión. Las fuentes consultadas por este diario subrayan que los teléfonos son fundamentales en esta instrucción. Por lo que contienen y por lo que se ha «borrado».
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