Hubo muchas anécdotas en la visita de las jugadoras del Casademont Zaragoza a la redacción de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, pero quizá una resume a la perfección las pasiones que consigue levantar este equipo. Un fenómeno imparable que provoca muchas consecuencias visibles, pero también algunos que no lo son y que pueden ser incluso más importantes.
Un niño con su madre esperaban su turno en la final de aficionados del Casademont cuando llegó su momento. Sin mediar palabra, el joven, con una cara de asombro similar a la que se suceden en la cabalgata de los Reyes Magos, fue jugadora tras jugadora dándoles un tierno abrazo al que todas respondieron con una sonrisa de oreja a oreja y miradas cómplices. Sin embargo, el pequeño no se atrevía a decirle a las aragonesas lo que su existencia le ha cambiado la vida. Para ello, necesitó el empuje de su progenitora. «Dile lo que has empezado a hacer por ella», le preguntó su madre. «He empezado a jugar al baloncesto por vosotras», dijo el niño con una voz dulce y a la vez nerviosa.
Seguro que este caso no será el único y lo que es indudable que testimonios como el que se vivió ayer en la casa de este diario motiva todavía más al Casademont Zaragoza femenino a seguir superándose. «Estamos muy orgullosos de ellas. Tiene mucho mérito lo que están consiguiendo. Es de agradecer su entrega, su deportividad y su lucha día tras día», decía una familia que vino casi a completo a la cita con las deportistas del conjunto aragonés. «Además, que se presten a este tipo de evento es fantástico y habla de la calidad humana que tienen también», subrayaban.
El regalo
Campeonas de la Supercopa, semifinalistas de la Copa de la Reina, subcampeonas de Liga… pero para los aficionados al Casademont lo que más ha marcado la temporada ha sido el apasionante viaje europeo. «Los partidos que tuvieron que ganar para llegar a la Final Six de la Euroliga fueron una pasada. Y ya poder jugarla y disfrutarla en Zaragoza fue un regalo para todos nosotros y para la ciudad», aseguraban en la fila.
Allí, además de los eternos agradecimientos, la palabra que más se repetía era la de orgullo. Pocas cosas más importantes deberían ser para un equipo, además de los resultados, es que sus seguidores se sientan tan bien representados. «Ellas son una suerte para Zaragoza», subrayaba un jubilado.
Y es que la afición es plenamente consciente de que lo que se está viviendo no es algo normal y, por eso precisamente, son los primeros que se preocupan por cuidarlo. «Nosotros vamos a estar aquí. Hay que aprovechar todo esto para seguir empujando y que puedan llegar a ser las mejores», pedían. Un mensaje que, además de infinidad de dibujos y otros regalos, se llevaron Laia Flores, Vorackova, Mawuli y Hermosa a sus vacaciones. Qué largo se va a hacer el verano sin ellas.
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