«Lo razonable y lo sensato es que con 53 escaños, habiéndonos quedado sólo a dos de la mayoría absoluta, por nada más que 21.000 votos, es que gobernemos en solitario». Con estas palabras, Juanma Moreno lanzó este lunes en Madrid un órdago a Vox.
El presidente andaluz llegaba a Madrid con los cálculos hechos, que corroboraban su obsesión durante la campaña de pelear hasta el último voto: por 10.000 en Jaén y otros 11.000 en Granada no logró la absoluta: «Hemos logrado 150.000 votos más, le sacamos 20 puntos al segundo y 30 puntos al tercero, no veo a Vox tratando de imponer, o en la búsqueda insistente de un sillón».
En realidad, son 19 puntos más que el PSOE de María Jesús Montero y 28 puntos que Manuel Gavira, de Vox… y 146.000 votos más que en 2022, pese a caer 1,5 puntos porcentuales.
Lo cierto es que Moreno esperó a la mañana del lunes para hacer público el desafío al socio necesario para la investidura.
Su tradicional prudencia le llevó a medir el terreno unas horas. Y sólo cuando comprobó que ni Santiago Abascal desde Madrid, ni Gavira desde Sevilla, ni ningún medio cercano a Vox se lanzaba a dibujar un Gobierno de coalición, decidió explicitar su estrategia.
Núñez Feijóo y Juanma Moreno, junto a otros barones y miembros de la Junta Directiva Nacional del PP, este lunes.
El presidente andaluz apuesta por la fuerza de sus números de «sobresaliente», un escenario incontestable. «Los resultados son suficientemente contundentes», repitió Moreno ante la Junta Directiva Nacional del PP, en una intervención a puerta cerrada de 10 minutos, antes de que Alberto Núñez Feijóo diera su discurso de «apertura de campaña».
«Convencidos»
El equipo del presidente andaluz tiene claro que, a día de hoy, Vox no querrá entrar en el Gobierno de la Junta.
Fuentes cercanas a Moreno explican a este periódico que están «convencidos» de ello por tres razones fundamentales. La primera es estrictamente aritmética: según los acuerdos en las otras regiones, regidos a partir del documento marco del PP nacional, en la proporcionalidad a Vox no le tocaría mucho más de una consejería. «Y eso no tendría sentido», apuntan estas fuentes.
La segunda razón es política y simbólica. Ni siquiera en la misma noche del domingo, mientras los simpatizantes de Vox cantaban «¿dónde está la mayoría?» en una clara mofa al PP y proclamaban a gritos «¡prioridad nacional!», ni Gavira ni Abascal explicitaron la petición de entrar en el Ejecutivo en ningún momento.
Ese silencio, interpretado por el equipo de Moreno como señal inequívoca, animó al presidente popular andaluz a dar el paso al día siguiente.
La tercera razón es organizativa y práctica. Si Vox pidiera, como siempre hace, la consejería de Agricultura, se encontraría con un problema de escala. «Andalucía son ocho provincias, y hay que tener ocho delegados, y tratar cada uno de ellos con los tres sindicatos agrarios mayoritarios», explican en el PP andaluz.
Entre líneas, se infiere que un Gobierno andaluz exige mucho personal cualificado y mucha carga de trabajo. De ahí la conclusión del PP: a Vox le saldrá más rentable «condicionar desde fuera», sin los compromisos del Consejo de Gobierno.
Peor resultado de Vox
A estas tres razones se suma un dato electoral clave. En estas elecciones, el partido de derecha extrema ha sacado el peor resultado de todas las cuatro celebradas en el último medio año, sin llegar siquiera al 14% del electorado. El frenazo contrasta con las expectativas previas y con los resultados de Extremadura, Aragón o Castilla y León.

«El frenazo de Vox se puede atribuir no sólo a que la gente está cada vez más harta y ve que la única alternativa real de gobierno somos nosotros», apunta una fuente de la dirección del PP nacional.
«También a que Alvise les ha quitado votos… cuando no está en juego quién va a ganar, sino sólo si lo hace por mucho o por muy mucho, hay votantes que se permiten darse el gusto de elegir una papeleta excéntrica».
El órdago de Moreno tiene un componente diferencial respecto a otros líderes territoriales del PP. María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León también habrían querido gobernar en solitario. Pero no pudieron alcanzarlo porque sus victorias, aunque claras, no fueron tan aplastantes como la andaluza.
La diferencia no está tanto en el reparto de escaños como en el respaldo popular. Moreno ha revalidado su 42% de apoyos después de ocho años en el poder, reteniendo a todos sus votantes y cosechando incluso 150.000 más, tal como recordó Feijóo.
Esa legitimidad es la que le permite plantear el gobierno en solitario sin que sea un capricho, sino «sensatez», como él mismo repite.
El líder gallego lo resumió ante la Junta Directiva Nacional con una frase que el PP quiere convertir en leit motiv: «Nosotros ganamos desde la oposición», dijo refiriéndose a él mismo en 2023, «y desde el Gobierno», celebrando que Moreno ha conseguido lo que muy pocos: tener más votantes tras dos legislaturas completas en San Telmo.
Los barones del PP le dieron cobertura unánime a la entrada de la sede de Génova, y desde Vox, el secretario general Ignacio Garriga jugó con la ambigüedad.
Separará la negociación programática del reparto de poder, y no cerró puertas: «No desaprovecharemos la oportunidad de condicionar el Gobierno de Andalucía», advirtió, aunque matizó que actuarán «con humildad, responsabilidad y conscientes de la proporcionalidad».
El barón andaluz descartó la repetición electoral y fijó en el 11 de junio, fecha de constitución del Parlamento, como primer plazo para alcanzar acuerdos: «Hay margen de maniobra y tiempo» para negociar con Vox. Moreno cree que tiene el órdago ganado. Y todo indica que cuenta con las cartas necesarias para lograrlo.










