«Le acabo de ver y le he dicho que estuviera tranquilo, que ya me encargaba yo». Habría que escuchar la versión de Kylian Mbappé sobre ese breve encuentro que narró ayer Álvaro Arbeloa y sobre esa frase con cierto tono paternalista que dijo haberle dicho el entrenador. «Encargarse» consistía en enterrar el hacha de guerra, revestir de «normalidad» lo que ocurrió el jueves en las tripas del Bernabéu y felicitarse porque el galo no estuviera contento al verse relegado al banquillo. Una bandera blanca en toda regla.
Para quien se perdiera aquel episodio, Mbappé fue suplente contra el Oviedo y 15 minutos después de que terminara el encuentro decidió, motu proprio, atender a los medios, una absoluta rareza en estos tiempos de fútbol bunkerizado. Acusó a su entrenador de haberle relegado al rol de «cuarto delantero» del equipo y, a pocos metros de donde él estaba, Arbeloa trató de torear el rejonazo, pero acabó reivindicando su dañada autoridad: «Yo decido quién juega mientras esté sentado en esta silla. Me da igual que no estén de acuerdo, se llame como se llame. Y si no, que esperen al siguiente».
Del relato de paz que enhebró ayer, no obstante, se deduce que en el entrenamiento del viernes no hubo intercambio de pareceres entre Mbappé, que hoy apunta al once ante el Sevilla, y Arbeloa. Parece el francés conforme con lo de esperar «al siguiente». Y el siguiente será José Mourinho, salvo que ocurran dos escenarios que se antojan complicados ahora mismo: que Enrique Riquelme presente batalla electoral a Florentino Pérez y que le derrote.
«Me marcho…»
Hasta Arbeloa asume que su tiempo en el Bernabéu está agotado y que su admirado Mourinho será quien le sustituya. «Hace cuatro meses era un entrenador de Primera RFEF y me marcho habiendo entrenado al Real Madrid, siendo entrenador de Primera División, habiendo disputado partidos de Champions League…», dijo ayer, con un «me marcho» más que elocuente.
Y no se quedó ahí, sino que incluso dijo que sería «muy feliz» si Mourinho se sentara en su silla la próxima temporada. «Para mí, como jugador y sobre todo como madridista, Mourinho es el número uno. José ha sido, es y será siempre uno di noi», le elogió. Sabe, en definitiva, que la de hoy será su penúltima noche entrenando al Madrid, antes del definitivo adiós del sábado que viene contra el Athletic en el Bernabéu. Y lo asume con toda la entereza que le queda a estas alturas de temporada tétrica. Que, con toda lógica, ya no es mucha, la verdad.
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