A sus 38 años, Salvatore Cernuzio (Crotone, Italia) es probablemente uno de los vaticanistas más cercanos al entorno de León XIV. Redactor de ‘Vatican News‘ –el diario digital de la Santa Sede y órgano oficioso de la información vaticana– y habitual de los vuelos papales, acaba de publicar ‘Padre‘, un libro en el que revela el hasta ahora bien guardado secreto de su estrecha relación con el difunto papa Francisco. Cernuzio concede esta entrevista a El Periódico de Catalunya con motivo del próximo viaje de León XIV a España.
–En su libro habla mucho de los viajes de Francisco y de cómo entendía el papado como una presencia física en las periferias. ¿León XIV está siguiendo esa misma línea?
–Creo que desde el principio hemos visto que León XIV ha recogido buena parte de la herencia internacional de Francisco. Ahí están Turquía y Líbano, dos destinos que eran casi un sueño pendiente para el Papa argentino. León contó que quería viajar primero a África, pero finalmente decidió priorizar esos viajes que Francisco no pudo hacer. Y en esa lógica encaja también Canarias. Francisco llevaba tiempo queriendo ir. Para él había una especie de trilogía simbólica: Lampedusa, Lesbos y Canarias. Lugares que representan la frontera migratoria de Europa. Conocía muy bien la situación, hablaba con migrantes, escuchaba testimonios. Su idea era estar allí como pastor, tocar las cosas con las manos, abrazar a la gente. Creo que León XIV entiende perfectamente esa dimensión.
–¿Canarias será el punto de partida de la migración como uno de los grandes temas del nuevo pontificado?
–Sin duda. Y no solo por continuidad con Francisco. Hay algo muy personal en León XIV. Es un papa estadounidense, nacido en el norte rico del mundo, pero vivió más de 20 años como misionero en Perú. Ha visto de cerca la pobreza, la emigración, el derrumbe social de muchas comunidades. De hecho, uno de los discursos más fuertes del pontificado de León fue el que pronunció ante los movimientos sociales durante el Jubileo. Dijo una frase durísima: que a los migrantes se les trata «como basura». Y después, en el vuelo de regreso desde Guinea Ecuatorial, volvió sobre el tema: habló de cómo el norte del mundo se queja de la migración mientras ignora las responsabilidades que tiene con el sur. Hay algo muy humano en su mirada. Él repite que cada Estado tiene derecho a gestionar los fenómenos según sus posibilidades. Pero insiste en que, cuando alguien llega a tus costas, tienes la obligación de tratarlo como a un ser humano. Por eso, sí, creo que se puede decir que Canarias será el kilómetro cero del discurso migratorio de León XIV.
«Uno de los discursos más fuertes del pontificado de León fue en el Jubileo, cuando dijo que a los migrantes se les trata «como basura»»
–Eso inevitablemente lo coloca en tensión con gobiernos como el de Trump.
–Creo que él intenta situarse en otro plano. Francisco también lo hacía. Los papas hablan desde una dimensión más alta que la política partidista. No piensan en términos electorales sino en el bien de las personas. Otra cosa es que, cuando denuncias ciertas situaciones, el choque llegue solo. Francisco acabó escribiendo aquella carta a los obispos estadounidenses denunciando el trato inhumano a los migrantes. León XIV también ha sido muy claro sobre eso y sobre la guerra. Pero no creo que su objetivo sea alimentar conflictos. Más bien al contrario.
–Da la impresión de que quiere bajar el tono.
–Exactamente. Y eso es interesante porque el mundo vive en un estado permanente de gritos y polarización. Francisco tuvo un papel muy profético: denunció cosas que muchos no querían ver. Habló de una «tercera guerra mundial a trozos» cuando parecía una exageración. Hoy vemos que tenía razón. León XIV llega en otro momento. Ahora parece convencido de que hace falta reconstruir espacios de diálogo. Lo dijo claramente: «Hay que salir de las polarizaciones». Para mí esa frase es clave para entender su pontificado.
«El papa León dice que ‘hay que salir de las polarizaciones’. Para mí esa frase es clave para entender su pontificado»
–¿Y cómo se traduce eso en la práctica?
–En un estilo mucho más silencioso y diplomático. Él mismo lo explicó en el avión de regreso de África: «La Santa Sede hace muchas cosas sin necesidad de gritarlas». Está intentando recuperar la lógica del puente. Y no solo en política internacional, también dentro de la Iglesia. Porque las fracturas internas son enormes. León XIV escucha muchísimo. Eso lo cuentan todos los agustinos que trabajaron con él. Consulta, dialoga, deja hablar a todo el mundo y luego decide. Tiene una capacidad muy fuerte para generar armonía incluso en ambientes tensos. Francisco, una vez, me habló de él y me dijo: «Es un santo». No lo decía en sentido místico. Francisco llamaba «santo» a las personas capaces de mantener la calma y el equilibrio en situaciones difíciles.
–Sin embargo, detrás de esa calma parece haber una voluntad muy clara.
–Claro. Porque él insiste mucho en que es un pastor, no un político. Pero entiende perfectamente que las palabras de un Papa tienen consecuencias políticas. Y además tiene una visión amplia de lo que significa la moral. Él mismo lo explicó: la moral no es solo sexualidad o bioética. También es dignidad humana, justicia social, derechos, desarrollo integral. Por eso habla de los migrantes con palabras tan concretas y tan duras. Cuando dice que a veces son tratados «como animales» o «como basura» no está repitiendo consignas. Habla desde una experiencia real.
«León XIV escucha muchísimo. Tiene una capacidad muy fuerte para generar armonía incluso en ambientes tensos»
–¿Le ha sorprendido algo de él hasta ahora?
–Sí, la energía. El viaje a África fue agotador. Once días, cuatro países, casi 20 vuelos, calor insoportable… y, mientras todos estábamos destruidos, él parecía incansable. Pero sobre todo me sorprendió verlo tan emocionado. Y creo que todavía no hemos visto del todo quién es León XIV. Ahora mismo está escuchando, tomando medidas, entendiendo el alcance de su papel. Pero llegará un momento en el que aparecerá con más claridad su propio gobierno.
–¿Habrá sorpresas en este pontificado?
–Seguro. Porque tiene una enorme capacidad de liderazgo y además una estrategia muy clara. Lo interesante es que combina firmeza y serenidad. Puede decir cosas muy contundentes sin levantar la voz. Cuando pidió a los ciudadanos estadounidenses que presionaran a sus congresistas para evitar la guerra, hizo algo fortísimo políticamente. Pero lo hizo desde un tono completamente distinto al ruido actual. Y quizá ahí esté la clave de este pontificado: en un mundo donde todos se gritan, él intenta volver a hacer posible la conversación.
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