“Se ha pasado el juego en tiempos de odio”

 

Jordi Évole ha puesto palabras a una de las imágenes más comentadas de la celebración del título de Liga del FC Barcelona: el momento en el que Lamine Yamal apareció durante la rúa con una bandera de Palestina. Un gesto que ha provocado reacciones dentro y fuera de España y que el periodista ha abordado en su columna semanal en La Vanguardia, con una defensa muy explícita del futbolista azulgrana.

El comunicador ha situado lo ocurrido en un contexto político y social marcado, a su juicio, por el avance del odio y por la inversión de determinados valores. “Triunfa el odio”, escribe Évole, antes de resumir el clima actual con una frase tan directa como reconocible en su estilo: “El buenismo es malo y el malismo, bueno”.

Desde ahí, el periodista conecta el gesto de Lamine Yamal con una época en la que todo parece posible. “Un matón de patio de colegio dirige una de las potencias mundiales, porque los ciudadanos estadounidenses le votaron mayoritariamente por segunda vez, y a partir de ahí cualquier cosa es posible”, señala, en referencia a Donald Trump.

El gesto de Yamal                  

Para Jordi Évole, el joven futbolista del Barça ha protagonizado una escena que rompe con los códigos habituales del deporte profesional. “El que se ha pasado el juego en estos tiempos de odio es Lamine Yamal”, afirma en su columna, donde compara la reacción al gesto del extremo con otras celebraciones políticas o identitarias vistas en el fútbol.

Évole recuerda que en las celebraciones de títulos se han visto imágenes de todo tipo: “Desde el jugador al que le ha dado por torear con una bandera española, hasta el que ha sacado una bandera independentista”. En esos casos, apunta, llegaron críticas de quienes pensaban distinto, pero “la cosa no ha ido a más”.

Con Lamine Yamal, sin embargo, la dimensión del gesto ha sido distinta. La bandera palestina, en pleno contexto internacional marcado por la ofensiva israelí sobre Gaza y la presión diplomática sobre Israel, ha convertido una imagen festiva en una declaración de enorme carga simbólica.

“Me lo cuentan y no me lo creo”

Évole relata que Lamine Yamal pidió “la bandera palestina a un aficionado en plena rúa de celebración por Barcelona, ante la sorpresa de todos”. Una escena que, incluso para el periodista, resulta difícil de imaginar en el fútbol de élite actual.

“Me lo cuentan y no me lo creo. Que una estrella del fútbol con millones de seguidores se meta en ese jardín, ya sea desde la inconsciencia o desde la militancia, no deja de sorprenderme”, escribe.

El periodista subraya precisamente esa ruptura con lo esperable. A su juicio, el gesto descoloca “al mundo mundial”, acostumbrado a la “docilidad política del futbolista de élite”. Y lo hace, además, con una bandera sin artificios, alejada de cualquier estética de campaña o estrategia de comunicación.

“Encima la bandera es casera, nada marquetiniana, con un palo largo, desproporcionado respecto al tamaño de la tela. Todo muy de guerrilla”, destaca Évole, que ve en esa imagen una potencia simbólica añadida.

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