El ADN ganador de Valencia Basket le acerca a su cuarta Liga Femenina tras dar un golpe de autoridad en Zaragoza (73-81)

Nunca menosprecies el corazón de un campeón. Una frase icónica de Rudy Tomjanovich tras ganar la NBA en 1995 con los Rockets de Houston. Podría tenerla impresa y pegada en su vestuario el Valencia Basket femenino de Rubén Burgos. En un año irregular, con muchos problemas y cambios, algunos realizados y otros a la vista, con decepciones y sensación de agotamiento, ya se llegó a la Copa de la Reina fuera de los focos. Acostumbradas a cargar en la mochila con el peso del favoritismo, en Tarragona, por primera vez en muchas temporadas, las taronja sacaron el colmillo. Como afrentadas.

Se levantó el título y se volvió al segundo plano con un final de liga regular con tres derrotas consecutivas. En los playoffs se ha ido de menos a más, para llegar al desafío de jugar en el Príncipe Felipe de Zaragoza el primer encuentro de la final de la Liga Femenina Endesa ante Casademont. «Ellas tienen el cartel de favoritas por la gran liga regular que han hecho. Pero nosotras hemos demostrado que competimos cuando hay que hacerlo«, advirtió Raquel Carrera en la previa. 

Las campeonas de las tres últimas ligas volvieron a demostrar su ADN y se llevaron el primer asalto, 73-81. Un golpe de autoridad que anunció desde el inicio. Con frescura de piernas para hacer una gran defensa y jugar con ritmo, las valencianas, con la contundencia de Khaalia Hillsman y Leo Fiebich, se fueron al descanso 30-43. 

Estaban las locales con la luz apagada y las visitantes olieron la sangre para acelerar. El partido se rompió, 30-47. Valencia Basket dominaba con puño de hierro, pero empezó a intercambiar canastas. Bajó el tono defensivo y el rigor ofensivo. Aquí, con la energía de Hempe y Bankole, las mañas empezaron a recortar. Eso trajo algunos nervios que Elena Buenavida se encargó de calmar. La joven escolta, señalada desde el club, como una de las futuras líderes del nuevo proyecto, acabó con 19 puntos. Los chicos tienen a De Larrea. Ellas, a Buenavida. El domingo el Roig Arena puede celebrar otra alegría, la cuarta liga consecutiva. El broche de oro a un ciclo glorioso. 

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