Hace ya algunos meses que entre los analistas internacionales prevalecía la idea posteriormente cumplida de que la guerra de Irán no era cuestión ni de días, ni semanas, y ni siquiera de meses. Pese a que el presidente de EEUU, Donald Trump, ha insistido repetidamente en sus habituales ultimátums para lograr una rendición del contrario, lo cierto es que la guerra se ha enquistado dando la sensación de que algo no encajaba en lo previsto.
Se ha dicho que la guerra de Irán es una guerra asimétrica, en el sentido de que hay una potencia mundial indiscutible que ha arrasado en el campo militar a un adversario inferior (pero no menospreciable). Es cierto. Pero la asimetría va mucho más allá. Se diría que las urgencias, intereses y motivaciones de uno y otro contendiente son diferentes. Mientras Trump se jacta de la superioridad de su ejército, Irán alardea de su resiliencia y de ser capaz de acogotar al resto del mundo mediante ataques en el estrecho de Ormuz a cualquier mercante que no pague un peaje en criptomonedas. El mercado petrolero internacional y los países del golfo Pérsico tiemblan.
Guerra con salidas poco aconsejables
Ambos postulados, los de Washington y Teherán, son ciertos. EEUU arrasa en el plano bélico e Irán tiene capacidad de resistencia suficiente para resistir más de lo estimado. Por ello, la lógica lleva a pensar que el actual conflicto entre Israel-EEUU contra Irán es una guerra de los 10.000 días. A día de hoy, parece que solo una revolución interna o el uso de armamento nuclear podría llegar a romper una dinámica de confrontación que no atenaza de forma efectiva al régimen iraní y que supone una amenaza y desprestigio para un presidente octogenario de EEUU que difícilmente podrá revalidar su triunfo electoral.
Un conflicto sin fin
La guerra asimétrica lleva a un futuro poco prometedor de conflicto inacabado, de guerra eterna y trifulcas esporádicas, de tensión fronteriza. El estrecho de Ormuz parece la frontera entre las dos coreas. La guerra ha hecho que el área geográfica del golfo Pérsico haya pasado de casi paraíso capitalista a ser potencial desierto bombardeable en cualquier momento. Es posible que a Irán ya no le interese negociar y que sea ventajoso para el régimen de los ayatolás dar largas a cualquier negociación y mantener la tensión hasta congelar ‘in eternum’ la situación actual.
En este contexto, las bolsas parecen inmunes a incertidumbres internacionales y siguen en máximos. El S&P 500 encadenó su sexta semana consecutiva de ganancias, respaldado por expectativas de beneficios empresariales que ignoran, por ahora, las presiones inflacionistas subyacentes y hasta una situación internacional aparentemente asfixiante.
IA, crecimiento e inflación
Felipe Mendoza, analista de mercados LATAM–EBC Financial Group, explica en un informe este lunes que la Reserva Federal mantiene un tono de cautela. El error de Trump con la guerra de Irán se ha saldado por el momento en términos económicos (entre otros) con la imposibilidad de bajada de tipos de interés para reactivar la economía. Las tensiones inflacionistas lo impiden. Pero Mendoza dibuja un escenario especialmente interesante para los inversores: «Los inversores deben prepararse para un entorno donde el crecimiento persiste gracias a la productividad de la IA, pero la inflación se mantiene incómodamente alta por factores externos, limitando el potencial alcista de los activos de riesgo tradicionales». Y añade una advertencia más: «El crudo brent tiene un suelo firme en los 100 dólares debido a la retórica de confrontación de Irán. Si la visita de Trump a Pekín no logra compromisos tangibles sobre el control del programa nuclear chino y el apoyo a Teherán, los mercados podrían enfrentar una corrección severa por el lado de los costes».
Optimismo tecnológico y abismo geopolítico
Como colofón apostilla dos conceptos claves en estos momentos: «El panorama actual revela un mercado que camina sobre una cuerda floja entre el optimismo tecnológico y el abismo geopolítico». Buen resumen. Y no se puede descartar que ese abismo dure y dure. O no. Quizá China tenga la última palabra.












