El romance que sacude Francia. Se conocieron en Mónaco en 2005. María Carolina de Borbón-Dos Sicilias, princesa italiana, duquesa de Calabria y Palermo, nacida en 2003 en Roma, y Jordan Bardella, eurodiputado de 30 años, líder de la ultraderecha francesa. Bardella podría ser candidato a la presidencia de Francia si Marie Le Pen, condenada por fraude, no puede presentarse.
La parejita anunció lo suyo en la revista Paris Match, un portadón con el título «El romance que nadie esperaba”, con fotos en el interior, cuidadísimas, estudiadas y que parecían robadas, claro. Guapos, jóvenes, aseaditos, junto al mar, con gafas de sol y ella, jersey anudado al cuello al más puro estilo pijo. Pudiera incluso haber amor entre ambos, pero nadie duda de que esta sociedad beneficia a los dos: ella es influencer y la gasolina de los influencers es la notoriedad. Él se revaloriza en ciertos ambientes, ‘entronca’ con la realeza y añade conocimiento a su figura pública: se está preparando sin descuidar nada para su salto al Eliseo. No quiere ser el yerno ideal y sí el candidato presidencial ideal.
Hay que ver cómo al republicanismo laico francés le gusta el rollo real. Si un rey es un rey, una princesita es una princesita. Sin duda. A partir de ahora, en los mítines de Bardella no solo habrá fotógrafos de Le Monde, Le Figaro o Le Parisien. Se esperan foteros del corazón. Bardella quiere dar otra dimensión a su figura y combinar propuestas tremendas, xenófobas, excluyentes, ultras, con una imagen más amable, amorosita, romántica. El donjuanismo como estrategia política. Bardella es un tiburón político, un delfín de Marine Le Pen, un dócil besugo, que es lo que parecemos todos cuando estamos embelesados y al comienzo de un romance. En los debates puede ser muy piraña.
Nuestra protagonista pasó su infancia entre París, Roma y Mónaco. Se educó en casa, no en colegios. Es la hija mayor y heredera del príncipe Carlos, duque de Castro, el jefe de la Casa de Borbón-Dos Sicilias, y descendiente directa de Luis XIV. Una Borbón acreditada que no sabemos si borbonea o borboneará y que tuvo una fugaz carrera cinematográfica, con un pequeño papelito en una película. Dice la prensa francesa que conoció a Bardella en un espectáculo automovilístico al que éste acudió con su padre. Ella se hace acompañar mucho de su hermana, María Chiara, de 20 años. Quizás sueñe con dormir en El Eliseo.
María Carolina de Borbón es princesa y aspirante a consorte de primer ministro republicano. Ojo ahí, politólogos del mundo, y de las tertulias, que tenemos lista la síntesis no sabemos si perfecta de dos sistemas. En un solo cuerpo. Un cuerpo republicano por casamiento y monárquico por nacimiento. Una royal traicionando y pasándose al bando republicano o una infiltrada o agente doble. Quién sabe. Cada cual cabalga sus contradicciones como puede o con la silla de montar que Dios (o el rey o la República) le haya dado en la vida. Claro que no sabemos si para María Carolina de Borbón, esto supone una contradicción o si es de ese tipo de gente que vive el momento, ¡y qué momento!, en lugar de preguntarse cosas. Por ahora mantiene un perfil discreto. La discreción es la kriptonita de los influencers, pero Bardella habla con naturalidad de su nuevo presunto encame: «Somos muy felices y no hay motivos para ocultar nuestra relación». Esto en una estrategia que parece clara: aprovechar el impulso mediático que supone el romance.
Nadie habla de boda, pero sería un experimento útil sobre la resistencia humana calibrar cómo puede un hombre a la vez planear su boda (cariño, de qué color las jarritas para el consomé) con preparar su asalto a la presidencia de la República. Eso, imaginando que entre ambos cometidos no hay sinergias, si bien una despedida de soltero puede llegar a parecerse a una tumultuosa reunión de un Consejo de Ministros en según qué tiempos o latitudes. Y no se sabe qué es peor: aguantar a una wedding planer o a un subsecretario.













