Hesperia, Sánchez y la mentira estética

La lejana Hesperia era un reino de leyenda para los sabios griegos. Un jardín mítico custodiado por ninfas y adornado con frutos dorados. Se dice que las ninfas, divinidades menores, eran las guardianas de ese paraíso terrenal. Sus cabellos danzaban al ritmo de brisas perfumadas por el azahar y el jazmín. El corazón del jardín lo conformaban árboles que daban manzanas de oro, quizá una metáfora y reclamo para quienes se aventuraban a explorarlo. Y así, los griegos percibían Hesperia como un lugar donde la naturaleza se manifestaba en su forma más sublime y donde la tierra producía milagros y lo divino se entrelazaba con lo terrenal. La imagen del «jardín cuidado por ninfas» era su forma de honrar la belleza indómita y la riqueza inagotable. Pero hete aquí que Pedro Sánchez irrumpió hace años en ese jardín y lo auditó poco menos que como un latifundio particular.

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