El puerto de Granadilla, en el sur de Tenerife, lleva años intentando parecer un gran puerto industrial del Atlántico, pero este jueves se parecía más a un escenario suspendido. El viento levantaba polvo junto a los diques, las explanadas seguían medio vacías y las cámaras de televisión ocupaban más espacio que los camiones.
En uno de los extremos del muelle, varios operarios portuarios hablaban mirando el mar con una mezcla de enfado y desconcierto. Ahí, frente a una infraestructura construida para descargar gas, reparar barcos y sostener un tráfico marítimo que nunca terminó de consolidarse, está previsto que fondee este domingo el MV Hondius.
El crucero neerlandés, afectado por un brote de hantavirus, ya ha dejado tres muertos y ha colocado a Canarias en el centro de una alerta sanitaria internacional. La tensión ha escalado hasta el punto de que trabajadores portuarios amenazan con bloquear las instalaciones si continúa adelante el operativo diseñado por el Gobierno de España y coordinado con la Organización Mundial de la Salud.
Vídeo | EL ESPAÑOL desde el puerto de Granadilla, en Tenerife.
«Los trabajadores quieren bloquear el puerto. Están amenazando con hacerlo», advierte Elena Ruiz, portavoz de Trabajadores por los Puertos de Tenerife, una plataforma que asegura representar a entre 300 y 400 empleados de las dársenas de Santa Cruz y Granadilla.
El conflicto, insiste, no nace únicamente del miedo al virus, sino de la sensación de que nadie les ha explicado realmente qué va a ocurrir. «El problema es la desinformación que tenemos por parte de la autoridad portuaria, por parte del gobierno, por parte de todos», afirma.
El temor se concentra especialmente entre los amarradores y el personal que trabaja a pie de muelle. «Yo que soy el que está al pie del cañón… lo que toque, ¿qué me va a pasar?», relató Ruiz que le había preguntado uno de ellos.
En la imagen, Maria Elena Ruiz y Henry Rodríguez, portavoces del sindicato Trabajadores por el Puerto de Tenerife.
La inquietud se ha extendido en una infraestructura donde actualmente trabajan más de cuarenta personas y donde el movimiento habitual es reducido. Granadilla nunca terminó de convertirse en el gran puerto alternativo de Tenerife que prometían los proyectos institucionales.
Su actividad estable se limita a las descargas de gas de DISA, algunos trabajos vinculados a aerogeneradores y contratos esporádicos de reparación naval. El viento —capaz de paralizar durante meses la operativa de grandes buques— ha lastrado históricamente su funcionamiento.
Ahora, esa misma condición de puerto semivacío y aislado es precisamente lo que lo ha convertido en el enclaveelegido para gestionar la emergencia del MV Hondius.

El puerto elegido
La decisión no fue casual. El Gobierno de España explicó este jueves que la petición llegó directamente de la OMS después de que Cabo Verde no pudiera asumir un desembarco seguro.
Pedro Gullón, director general de Salud Pública, detalló que Canarias era el siguiente puerto viable y que Granadilla ofrecía ventajas logísticas decisivas: escasa actividad comercial, aislamiento relativo y, sobre todo, una conexión directa con el aeropuerto Tenerife Sur, situado a menos de diez minutos.
El operativo previsto pasa por evitar que el barco toque físicamente la costa. El MV Hondius fondeará frente al puerto y los pasajeros serán trasladados en lanchas hasta tierra para ser conducidos inmediatamente al aeropuerto o a instalaciones sanitarias.

Tranquilidad y silencio en la verja de entrada al puerto de Granadilla, este jueves.
Los pasajeros extranjeros permanecerán aislados hasta embarcar en vuelos especiales de repatriación organizados por sus respectivos países. Los catorce españoles —cinco catalanes, tres madrileños, tres asturianos, un castellanoleonés, un gallego y un valenciano—, en cambio, serán trasladados previsiblemente el lunes en un avión militar medicalizado hasta la base de Torrejón.
Posteriormente irán al Hospital Gómez Ulla de Madrid, donde podrían guardar cuarentena dependiendo de un informe técnico-jurídico que aún se está elaborando. El Gobierno insiste en que el riesgo para la población es «muy bajo» y que los protocolos son estrictos. La OMS también ha intentado rebajar la alarma.
Maria Van Kerkhove, epidemióloga especializada en enfermedades infecciosas, fue categórica este jueves: «Esto no es SARS-CoV-2. Esto no es el inicio de una pandemia de Covid».
Explicó que la variante Andes del hantavirus —la identificada en este brote y la única con capacidad de transmisión entre humanos documentada— requiere contacto estrecho e íntimo para propagarse.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió además «solidaridad» y recordó que atender a los pasajeros del crucero «es un deber moral». Pero las explicaciones técnicas no han logrado disipar del todo el miedo en Tenerife, donde el recuerdo de la pandemia sigue demasiado cerca.
El propio sur de la isla ya fue escenario del primer gran confinamiento hotelero de España en febrero de 2020, cuando un médico italiano infectado de coronavirus quedó aislado en un hotel de Costa Adeje junto a centenares de turistas.

Diferentes buques permanecen este jueves atracados en el puerto industrial de Granadilla, Tenerife.
Después de la covid
Seis años después, el mismo eje logístico —aeropuerto Tenerife Sur, autopista TF-1 y puerto de Granadilla— vuelve a activarse para gestionar otra crisis sanitaria internacional. Esta vez, sin embargo, el contexto político es más áspero.
El Ayuntamiento de Granadilla de Abona expresó públicamente su rechazo a la llegada del barco y reclamó «máxima transparencia», garantías sanitarias y coordinación institucional.
El presidente de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, Pedro Suárez, también se mostró reticente. Admitió haber recibido la solicitud de atraque el martes, pero aseguró que no tomará ninguna decisión sin los informes preceptivos de Sanidad Exterior y Capitanía Marítima.
«Podré recibir presiones de cualquier tipo, pero la última decisión la tomo yo», afirmó en la radio autonómica. Mientras tanto, el caso sigue creciendo internacionalmente. A bordo continúa además el cadáver del tercer fallecido, aislado del resto de pasajeros.
La OMS investiga ahora si el origen del brote pudo estar en un viaje ornitológico realizado por el matrimonio neerlandés que enfermó primero tras recorrer zonas rurales de Chile, Argentina y Uruguay donde habita la rata que transmite el virus Andes.

El crucero MV Hondius, a su salida de Praia (Cabo Verde) este miércoles.
Reuters
Desde Ushuaia
El crucero había partido el 1 de abril desde Ushuaia con dirección inicial a Cabo Verde y llegó a permanecer varios días fondeado frente a Praia después de que las autoridades locales rechazaran asumir la operación sanitaria.
El caos de las últimas horas ha reflejado hasta qué punto el dispositivo continúa tensionado. Sanidad llegó incluso a desautorizar el despegue de un avión medicalizado rumbo a Países Bajos al detectar que las baterías del sistema de soporte vital no garantizaban suficiente autonomía para completar el trayecto.
Al mismo tiempo, la unidad de aislamiento de alto nivel del Hospital Universitario de La Candelaria, en Tenerife —la única de Canarias y una de las diecisiete existentes en España— quedó preparada por si fuera necesario atender casos graves relacionados con el brote.
En el puerto, sin embargo, toda esa arquitectura institucional se traduce en algo mucho más simple: incertidumbre. A media tarde, mientras los equipos de televisión seguían entrando y saliendo del recinto y algunos trabajadores observaban el mar desde los márgenes del muelle, Granadilla seguía pareciendo un puerto detenido a la espera de algo que todavía no había ocurrido.
El MV Hondius ni siquiera había llegado a aguas tinerfeñas y, aun así, ya había transformado un enclave periférico y semivacío del sur de Canarias en el centro de una operación sanitaria internacional, con gobiernos, hospitales, organismos multilaterales y trabajadores portuarios discutiendo al mismo tiempo sobre un mismo barco que nadie quiere tocar, pero que todos saben que terminará llegando.














