Cuando los resultados no acompañan en un equipo grande aparecen las dudas. Si la mala racha se extiende en el tiempo, el Real Madrid acumula dos temporadas que no sabe a los que juega, los recelos internos desgastan las relaciones en busca de culpables ante el ensordecedor ruido externo.
En el vestuario blanco han estallado muchas chispas en estas dos temporadas que han acabado por incendiar esas relaciones entre gran parte de sus ocupantes. La última y la más gorda fue la pelea entre Tchouameni y Valverde que terminó con el uruguayo en el hospital, pero esta no ha sido la única de la temporada. En SPORT repasamos los 10 incendios del curso:
Tres entrenadores
Ancelotti puso fin la temporada pasada en su cuarto año en el banquillo después de tres campañas brillantes. Eso le aportó un margen de confianza para evitar los conflictos internos y marcharse aliviado de que no apareciesen. Sin embargo, dejó una herencia complicada a su sucesor Xabi Alonso. Su trayecto duró apenas siete meses y su relevo, Arbeloa, se dio de bruces con un vestuario revuelto al que no calmó ni con adjetivos sobredimensionados.
Vinicius en presencia de Xabi Alonso en el momento de ser sustituido durante el Real Madrid – Barça / Valentí Enrich
El germen de la discordia comenzó en el Mundial de Clubes, en el que Xabi entendió lo difícil que le iba a resultar dirigir una nave en la que los egos imponían su voluntad. Sujetó el vestuario como pudo, pero su método de trabajo fue cuestionado desde el primer día por incomodar los caprichos de las vacas sagradas. Todo estalló en el Clásico cuando quitó a Vinícius. Fue el principio del fin de su etapa como entrenador del Real Madrid.
Xabi y la guardería
«¡No sabía que venía a entrenar a una guardería!», dijo a los jugadores durante un entrenamiento. Sabía que había perdido la batalla y que, antes o después sería cesado. Siete jugadores aplaudieron su destitución: Vinicius, Militao, Trent, Mendy, Bellingham, Brahim, Mastantuono y Endrick, mientras que Mbappé y Courtois se pusieron de lado.

Florentino Pérez, Xabi Alonso y Arbeloa / Sport
Arbeloa llegó en busca del armisticio, volcándose con los dueños del vestuario, con Vinícius al frente. La paz duró poco al olvidarse de Carvajal, el último superviviente de esa edad de oro vivida por el equipo en las 10 últimas temporadas con seis Champions a sus espaldas. El lateral acabó arrinconado y sin jugar.
Carvajal, Asensio, Trent, Rudiger y Carreras
El gran capitán perdió los nervios y lo pagó con un canterano en un entrenamiento, Valdepeñas, con una durísima entrada que lesionó para un mes. Otro canterano, Asensio, se quejó de no jugar ante el City después de haberlo hecho lesionado arriesgando el tipo. Otro castigado que se quedó sin jugar hasta que se disculpó con el vestuario.

Álvaro Arbeloa conversando con Carvajal en el banquillo / SPORT.es
Trent tampoco se libró y fue suplente en el derbi por una impuntualidad. Más leña al fuego. Después, han ido apareciendo las tensiones entre los jugadores. Rudiger le asestó un bofetón a Carreras, que el lateral lo confirmó en redes sociales, pero lo dio por “zanjado”. A esto se sumó la bronca entre Mbappé con un miembro del cuerpo técnico en pleno entrenamiento.
Ceballos, Mbappé, Valverde y Tchouameni
Los sucesos continuaron con la explosión del ‘caso Ceballos’. El andaluz le reprochó su situación a Arbeloa con una fuerte discusión que trasladó al vestuario: “He pedido al entrenador no tener relaciones”. Desde entonces, no ha vuelto a entrar en una convocatoria y es difícil que lo haga en los cuatro partidos de Liga que quedan para cerrar la temporada.

Mbappé sale cachondeándose del entrenamiento del Madrid tras la pelea de Valverde y Tchouaméni / Chiringuito
El penúltimo ruido también lo protagoniza Mbappé. Su inoportuno viaje a Italia llegó en un momento delicado del equipo. Aterrizó en Madrid sólo 12 minutos antes del partido ante el Espanyol que gustó a la afición, a la cúpula del club ni al vestuario. Y el último capítulo que cierra, de momento, este cúmulo de fricciones lo protagonizaron dos tipos discretos como son Valverde y Tchouameni, encarados y separados en el entrenamiento para que no llegasen a las manos.













