Completamente arrepentido y sumido en un mar de lágrimas mientras veía, impotente y desesperado, cómo su compañero de trabajo, Cristian, de 25 años, moría desangrado sobre la acera, a pesar de sus inútiles esfuerzos por taponarle la hemorragia causada por la cuchillada que él mismo acababa de asestarle durante una absurda discusión por un pique laboral en la peluquería de València en la que trabajaban ambos. Así es como se encontraron al autor confeso del homicidio los primeros agentes de la Policía Nacional que llegaron a la barbería, tras ser avisados por un grupo de viandantes que les salieron al paso recién ocurrido el hecho, cuando ni siquiera habían entrado aún las llamadas de alerta al teléfono de Emergencias 112.
La tragedia había empezado a gestarse minutos antes de las 13.25 horas, según el único testigo de los hechos, un joven de 18 años que estaba sentado en uno de los sillones de la barbería Elián Master Barber, ubicada en el número 34 de la Carrera Font de Sant Lluís, mientras uno de los dos empleados le cortaba el pelo. En un momento determinado, los dos peluqueros, Juan Pablo y Cristian, de 26 y 25 años, respectivamente, iniciaron una discusión absurda por un pique laboral. Al parecer, el dueño de la barbería acababa de designar al otro como encargado, lo que había provocado tensiones entre ambos, sobre todo por la atribución de cometidos del recién ascendido al otro.
El cuchillo de los limones
La discusión se fue agriando y subiendo de tono hasta que acabaron insultando a sus respectivas novias en plena escalada ofensiva. En un momento determinado, Juan Pablo J. O. habría propinado un puñetazo a su compañero, que respondió de la misma manera, según ha declarado el testigo durante la investigación que ha asumido el grupo de Homicidios de la Policía Nacional de València. En ese momento, Juan Pablo habría cogido un cuchillo frutero que solía utilizar para cortar limones y se lo habría clavado en mitad del pecho a Cristian, que, afirma el testigo, empezó a sangrar abundantemente desde el primer instante.
El joven trató de buscar ayuda y salió a la calle tambaleante, hasta caer desplomado a las puertas del establecimiento, sito en el barrio de En Corts, a escasos metros de una de las entradas al complejo policial de Zapadores.
Los viandantes pararon el coche patrulla
Tanto el joven a quien estaban cortando el pelo como otros testigos que se vieron sorprendidos por este nuevo homicidio en la ciudad de València afirman que, en cuanto la víctima cayó al suelo, su agresor se quitó la camiseta y trató desesperadamente de taponar la herida por la que, literalmente, se le escapaba la vida. Justo en ese instante pasaba por la calle un coche patrulla de la Policía Nacional que precisamente se dirigía a Zapadores -sede de todos los vehículos radiopatrullas de la ciudad-. Numerosas personas que se arremolinaban ya en el lugar del suceso le dieron el alto y pidieron ayuda a los dos agentes.
Cuando esos primeros policías llegaron a la puerta de la barbería, el agresor, colocado sobre su víctima mientras trataba en vano de frenar la pérdida de sangre con su camiseta, les confesó entre lágrimas que «no quería herir» a su compañero y les imploró «por favor, ayúdenle, por favor». Uno de los policías continuó con el taponamiento mientras el otro aseguraba el escenario y detenía al presunto homicida, que no opuso resistencia y les mostró el cuchillo, con restos de sangre, en el interior de la barbería.
Más de media hora de reanimación
Al poco, la víctima, Cristian, dejó de respirar y entró en situación de parada cardiorrespiratoria, por lo que un tercer agente uniformado de la Policía Nacional de otra de las patrullas que habían acudido al lugar inició las maniobras de reanimación cardiopulmonar de manera manual, mientras llegaba el primer equipo médico del SAMU. Los sanitarios se emplearon a fondo durante más de media hora, con la ayuda del dispositivo de compresión torácica Lucas, pero todos los esfuerzos fueron en vano. Cristian era dado por muerto pasadas las dos de la tarde, lo que obligó a poner en marcha el protocolo de muertes violentas, con el aviso al grupo de Homicidios y a la Policía Científica, responsable de realizar la inspección ocular para recabar y requisar todas las evidencias criminales, incluido el cuchillo frutero usado como arma homicida.
Así mismo acudió la forense de guardia, quien certificó la muerte y custodió el levantamiento del cadáver ordenado por el juez de la plaza 9 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de València, en funciones de guardia. El cuerpo fue trasladado al Instituto de Medicina Legal (IML), donde este martes se le practicará la autopsia que confirmará como causa del fallecimiento el shock hipovolémico causado por la masiva pérdida de sangre como consecuencia de esa única cuchillada en el pecho.















