Una copa de vino canario en Nueva York, la ciudad que nunca duerme, puede costar 20 euros. La reputación y la identidad volcánica de los vinos de Canarias los han convertido en un producto exclusivo en los mercados internacionales, aunque también en uno especialmente penalizado por los elevados costes del transporte. Detrás de una de estas bodegas están Marta Labanda y Daniel Ramírez, dos profesionales con trayectoria enológica y una estrecha vinculación con el sector vitivinícola. De las aulas pasaron a las parcelas de Lanzarote, donde fundaron Titerok-Akaet, una marca que factura aproximadamente 220.000 euros al año y distribuye sus botellas en más de ocho países, además de la Península y de las islas de Gran Canaria, Tenerife, Fuerteventura y, por supuesto, Lanzarote.
El propio nombre de la bodega resume esa voluntad de arraigo al territorio. Los antiguos pobladores de Canarias llamaban a Lanzarote Titerogakaet, un topónimo hoy ajeno al habla cotidiana de los isleños, pero que la pareja rescató para bautizar su proyecto vinícola. Bajo esa misma idea de vínculo con la tierra, elaboran vinos que buscan expresar el origen volcánico del Archipiélago a partir de una filosofía basada en lo natural, lo ecológico y la «mínima manipulación técnica», resume Marta. Con esa apuesta, sus vinos han llegado a mercados como los de Alemania, Suiza, Dinamarca, Reino Unido, Estados Unidos, Italia, Portugal y Francia.
El origen de la bodega se remonta a la compra de una parcela en el norte de Lanzarote, en el municipio de Haría. Al terminar sus formaciones, los jóvenes decidieron instalarse en la Isla y empezar a elaborar vino en 2017. Aunque en un principio llegaron «para probar», la buena acogida de sus primeros vinos y las críticas favorables les animaron a continuar y crecer. «Nos resultó bien, empezamos a tener buenas críticas y decidimos continuar», asegura Labanda. Hoy gestionan 52 hectáreas repartidas por toda la Isla con cultivo ecológico y trabajando solo con uva propia. Además, mantienen una conexión con la tradición local, tanto en la forma de cultivar como en algunos materiales usados en bodega.
Expansión internacional
En cuanto a la experiencia internacional, la bodega ha desarrollado una clara vocación exportadora. Sus compradores y canales de distribución se reparten entre mercado local, nacional e internacional, pero el posicionamiento del vino es claramente prémium. Pues la enóloga reconoce que, por sus costes de producción, necesita vender a precios altos, lo que reduce la rotación pese a las buenas puntuaciones y la buena crítica. Es más, Marta Labanda reconoce que ese sobrecoste frena las operaciones con nuevos clientes extranjeros. «Cuando los posibles distribuidores se interesan por los vinos y preguntan por el transporte, muchas veces la relación se paraliza al conocer el precio logístico», subraya. También añade que existe alguna ayuda autonómica que tienen encuenta, además, la doble insularidad y la complejidad de llevar su producto más allá del Atlántico, pero esta subvención no compensa realmente los sobrecostes del transporte.
Pues bien, exportar desde las Islas a Europa resulta mucho más caro y lento que hacerlo desde la Península, donde muchos distribuidores están acostumbrados a recibir pedidos en cuestión de 24 o 48 horas y a bajo coste. En cambio, desde el Archipiélago los envíos al continente pueden costar entre 600 y 800 euros, una diferencia que complica mucho el cierre de operaciones. Según cuenta la experta en enología, esta cuestión del transporte aparece constantemente en ferias y reuniones comerciales. Aun así han conseguido estrechar lazos con el mercado global. Este impulso fuera del territorio nacional se debe, también, al apoyo de la empresa pública de Proexca para reforzar su internacionalización, sobre todo a través de ferias nacionales e internacionales que les han permitido ganar visibilidad y «ha promovido que tengamos más contacto con un mayor número de distribuidores».
Bajo su experiencia, la asistencia a este tipo de eventos le han supuesto una oportunidad para intercambiar conocimientos y adentrarse en un mundo lleno de profesionales que prestan especial atención a los detalles del gusto. En este sentido las particularidades de los volcanes de Lanzarote juegan a su favor.
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