En el imaginario colectivo, existen numerosas creencias sobre psicología que se han transmitido durante generaciones hasta ser aceptadas como verdades absolutas. Sin embargo, muchas de ellas son falsas o, al menos, incompletas. La psicóloga Paola Pérez Correas ha arrojado luz sobre algunos de los mitos más extendidos, desmontando con argumentos científicos y ejemplos prácticos lo que la ciencia realmente dice sobre nuestro cerebro y nuestras emociones.
El mito del 10% del cerebro
Uno de los mitos más arraigados es que solo usamos el 10% de nuestro cerebro. Pérez Correas califica esta idea como uno de los mitos “más extendidos y también uno de los más falsos”. Según la experta, “no hay ninguna evidencia científica que respalde esta afirmación”. De hecho, la tecnología actual, como la resonancia magnética funcional, demuestra que incluso las tareas más sencillas activan múltiples áreas cerebrales simultáneamente.
El cerebro es un órgano extremadamente costoso en términos de energía. Aunque solo representa un 2% del peso corporal, consume aproximadamente un 20% de la energía total del cuerpo. Por ello, sería “poco eficiente mantener ese órgano tan costoso apagado al 90%”, explica la psicóloga. Cuando realizamos una actividad como escuchar la radio, nuestro cerebro no solo procesa el sonido, sino que también interpreta el lenguaje, activa la memoria y gestiona las emociones, demostrando que usamos prácticamente todo el cerebro, aunque no todas las partes al mismo tiempo.
Usamos prácticamente todo, lo que pasa es que no usamos todo al mismo tiempo»
Psicóloga
¿Pensar en positivo es siempre bueno?
Otra creencia muy popular es que pensar en positivo siempre es bueno. Pérez Correas matiza esta afirmación, describiéndola como un “mito a medias”. La psicología positiva, impulsada por Martin Seligman, ha demostrado que variables como el optimismo y la gratitud influyen positivamente en el bienestar. Las personas con un estilo optimista tienden a gestionar mejor las adversidades.
Sin embargo, la experta advierte sobre el peligro de un “optimismo un poco más vacío”. Investigaciones han demostrado que cuando una persona solo se limita a fantasear con que “todo saldrá bien” o “lo voy a conseguir seguro”, en realidad “disminuye la probabilidad de que actuemos para conseguirlo”. El cerebro interpreta que el objetivo ya está logrado y no moviliza los recursos necesarios para la acción.
La diferencia, según Pérez Correas, radica en la acción. No es lo mismo decir “voy a ponerme en forma” que trazar un plan concreto: “Quiero ponerme en forma, pero tengo un obstáculo muy importante, que es que soy muy perezosa. Si salgo del trabajo y me voy a casa directamente, ya no vuelvo a salir, me voy a ir directamente al gimnasio”. Por tanto, concluye que “ser optimista es bueno, pero no es suficiente”.
Persona en estado de depresión
El tiempo no lo cura todo si no se actúa
Finalmente, la frase “el tiempo lo cura todo” es, según la psicóloga, “muy bonita” pero “incompleta”. Aunque el paso del tiempo puede ayudar a disminuir la intensidad de una emoción dolorosa, lo verdaderamente importante es “qué hacemos con ese tiempo”. Un duelo por una pérdida o una ruptura no se supera únicamente dejando pasar los días; es necesario un proceso activo.
La experta en psicología clínica señala que “evitar emociones, por ejemplo, no hablar de una pérdida, puede mantener el malestar durante años”. La emoción inicial pierde intensidad, pero el problema “no se va a resolver”. Por ello, las terapias psicológicas se centran en “trabajar activamente con lo que sentimos” para acelerar la recuperación.
Pérez Correas utiliza una analogía muy gráfica para explicarlo: una herida física. “El tiempo va a ayudar a que se vaya cicatrizando, pero es muy importante limpiarla y cuidarla, porque si no se puede infectar. Se va a cicatrizar, pero mal”. De la misma forma, el dolor emocional necesita ser procesado para sanar correctamente, demostrando que la actitud activa es fundamental en la recuperación.















