Sentirse querido

Mi padre, segundo de los tres hijos que tuvieron Antonio «El Camina» y Juana «La Viruta», solía decir que era adoptado. Fue una de las primeras cosas que, cuando se conocieron, le contó a una buena amiga mía, quien, sorprendida, al marcharse él me preguntó si era verdad. Claro que no, le aclaré yo, para después explicarle que en su pueblo le llamaban «El Trolas» por las mentiras que contaba, siempre sin consecuencias fatales ni mala intención.

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