El anuncio del Barça sobre su alianza con Drelife, a través de BLM, para dar una segunda vida a camisetas usadas corrió como la pólvora entre el mundillo de los coleccionistas que llevan toda su vida buscando y rebuscando en un mercado que ha pasado de la proximidad a la globalidad. Son, el proyecto del club y la afición de quienes coleccionan camisetas, dos realidades muy distintas porque el nuevo negocio del club se dirige hacia prendas adquiridas en tiendas cuyo uso ha sido particular, no tanto a piezas concretas, rastreadas a través de contactos y cuyas historias le dan valor a la pieza.
Jordi Castells, coleccionista de camisetas del Barça, atiende a SPORT / VALENTÍ ENRICH
Ese es el terreno de Jordi Castells, coleccionista de camisetas históricas del Barça, especialmente de épocas en las que Meyba o Kappa vestían a la entidad, pero también en décadas anteriores, cuando el algodón dominaba el mercado. Este vecino de Premià de Dalt, culé hasta la médula que ha vivido en directo muchas de las grandes finales del Barça a lo largo de su historia, ha sido testigo de cómo su mundo ha cambiado por completo en los últimos años. Considera que la apuesta del club es un paso más hacia la globalización del coleccionismo, pero no el que él defiende, que lleva años sufriendo por un mercado internacional cada vez más caro y más competitivo.

Jordi Castells, coleccionista de camisetas del Barça, atiende a SPORT / VALENTÍ ENRICH
“Todos los coleccionistas estamos un poco locos”, resume con una sonrisa. En su caso, la raíz es emocional: “Cuando coleccionas algo como yo, camisetas del Barça, es porque lo has mamado”. Por eso su colección mira sobre todo hacia las camisetas que veía de pequeño, las que asocia a sus ídolos y a una manera muy concreta de sentir el barcelonismo. “A mí el tipo de camisetas que más me interesan son las antiguas de algodón, que son las que había utilizado Neeskens o Cruyff, a los que veía jugando cuando era pequeño», explica. Tiene varias piezas excepcionales de Meyba, pero también algunas más modernas de Kappa e incluso Nike. Luego iremos.
La globalización lo ha transformado todo
“La globalización ha hecho que ya no solo le puedas vender una camiseta a un tío que vive a tres calles, sino a uno que vive en Australia”, dice Castells. Ese salto ha tenido un efecto directo: más compradores, más exposición, más demanda y, por tanto, más inflación. Lo que antes circulaba entre aficionados muy concretos hoy entra en un escaparate mundial en el que aparecen compradores de Estados Unidos, Japón o cualquier otro punto del planeta dispuestos a pagar cifras mucho más altas.

Lamine Yamal, con su camiseta con el ’10’ / Dani Barbeito / SPO
Castells no lo plantea como una guerra contra nadie, sino como la constatación de un cambio profundo. El coleccionismo ya no se mueve con las mismas reglas. “El sentido del coleccionismo es rebuscar”, explica. Y ahí está, probablemente, la clave de todo. Porque para el coleccionista clásico no se trata solo de comprar, sino de buscar, identificar, comparar, aprender y, a veces, esperar años para dar con una pieza concreta.

Jordi Castells, coleccionista de camisetas del Barça, atiende a SPORT / VALENTÍ ENRICH
El resultado es que el acceso se ha encarecido: “Este tipo de coleccionismo será solo para una élite, para gente que tenga poder adquisitivo”, comenta. Y lo aterriza con una idea muy clara: “Un trabajador normal, que colecciona por pasión y porque lo ha mamado, no tendría acceso a este tipo de merchandising”. Castells pone ejemplos que ayudan a entender la dimensión del fenómeno.
Una camiseta de tienda firmada por Messi puede tener salida por cifras muy elevadas si entra en el circuito adecuado («unos 1.500 euros»), pero una camiseta realmente usada por el jugador, y además vinculada a un partido o a un momento concreto, juega ya en otra liga («podría venderse por 100.000 o 200.000 euros»). De hecho, asegura que Messi y muchos otros jugadores ya hace tiempo que se dieron cuenta de ello y han sabido capitalizar estos productos a través de empresas como Icons, una empresa que vende merchandising a nivel internacional y que colabora con Leo. También Lamine Yamal ha entendido el filón que este mercado supone y ha iniciado el camino de la profesionalización de su firma. «No suele firmar nunca y, cuando lo hace, es con centenares de camisetas», asegura Castells.

Messi firmando las camisetas / INSTAGRAM
Por todo ello, cuando habla de su colección, Castells no piensa primero en dinero (de hecho estaría encantado en ceder algunas de sus piezas al museo del Barça). Piensa en rarezas, en historias, en detalles. Una de las que más valora, por ejemplo, es la camiseta de una gira blaugrana en Japón de 1990 con publicidad de Japanese Airlines (JAL), una excepción histórica en tiempos de Núñez. “Esa es la primera camiseta que trajo publicidad. Y no era la primera equipación azul y grana porque Núñez no quiso mancharla”, recuerda. Castells no es un inversor, es alguien que ha aprendido a leer la historia del club a través de sus camisetas.

Jordi Castells, coleccionista de camisetas del Barça, atiende a SPORT / VALENTÍ ENRICH
También cuenta una anécdota con Francisco López López, ex futbolista del Barça a quien conoció por casualidad a través del entorno familiar. Fue entonces cuando descubrió que guardaba en casa prendas sin ser del todo consciente del valor que podían tener. Cuando le ofreció una de forma gratuita, Castells lo rechazó y le pagó 1.000 euros: “Le descubrí el mundo del coleccionismo a López y, a partir de ahí, supo moverse también con ex compañeros”. La escena ilustra bien cómo funciona este universo: el objeto está ahí, pero hace falta la mirada del coleccionista para entender su valor.
En el fondo, el anuncio del club sirve sobre todo para iluminar ese cambio de época. Porque más allá del nuevo canal oficial o de la lógica empresarial que pueda haber detrás, lo que aparece con claridad es que el coleccionismo de proximidad, casi íntimo, ha quedado en un segundo plano engullido por un mercado global, acelerado y en el que certificar la autenticidad de una pieza, de una firma, es cada día más difícil.














