José Luis Rodríguez Zapatero ha ganado tres elecciones generales, en 2004, 2008 y 2023. No es presidente del Gobierno, pero Pedro Sánchez tampoco ejercería el cargo sin el concurso providencial de su predecesor. Ahora se debate si hubo altruismo o contraprestación, porque el efecto a la vez balsámico y excitante del expresidente constituye su mayor proeza, después de su presunta implicación en el rescate de la fantasmagórica compañía aérea Plus Ultra con 53 millones de fondos públicos . Todos los participantes políticos y funcionariales en esta farsa multimillonaria deberían ser expulsados de inmediato de sus cargos, pero de momento solo ha purgado JoséLuis Ábalos, y ahora ZP.
Dada su influencia decisiva en el actual mandato de Sánchez, puede concluirse que Zapatero tenía derecho a dinamitar la legislatura hoy en ruinas que construyó. En lugar de disolver de inmediato, el PSOE se aferra a la teoría de la conspiración con la ayuda impagable de Ione Belarra, Óscar Puente, Oriol Junqueras o Gabriel Rufián, que acaban de sellar su eclipse electoral. A los socialistas no se les ha ocurrido agradecer al juez que pospusiera los registros propuestos por Anticorrupción hasta que se celebraran las andaluzas. La única defensa del expresidente consiste en que se limitó a cobrar una cantidad curiosamente equivalente al uno por ciento del rescate, pactado por los presuntos mafiosos. Esta hipótesis económica hunde irremisiblemente al PSOE, que acaba de sufrir uno de los mazazos más duros de su historia.
Pese a su nulo poder de convocatoria, Sánchez llama a «defender el buen nombre de un compañero», desviando emocionalmente la responsabilidad propia en los 53 millones arrojados a los tiburones financieros. Y en cuanto alguien pronuncia la fabulosa expresión «informes orales», como hizo Zapatero, su implicación queda clara en todos los sentidos.
Zapatero, de ti no lo esperábamos. Si se invitara a los españoles a elaborar una lista de los presidentes del Gobierno susceptibles de corromperse económicamente, nadie la hubiera encabezado con quien se ha convertido en el primero de su estirpe imputado formalmente por corrupción. En cuanto al ámbito de la supuesta organización criminal, la familia Zapatero sucede a la familia Pujol en el escalafón dinástico.
Por si Zapatero necesita compañía, se ha limitado a sucumbir a la pulsión monetaria que sufren todos los gobernantes destronados. Se culpan de haber estado al servicio de magnates a quienes aventajan en méritos, y se adentran con salvajismo en la esfera de los negocios. El virus ha sacudido a linajes como Clinton, Obama o Blair, aunque de momento han esquivado la variante delictiva a diferencia de Sarkozy.
El alcance electoral para el PSOE del hundimiento de Zapatero supera con mucho el orbe criminal. Después de haberse autocondenado en la entrevista sudorosa con Carlos Alsina, el expresidente solo podrá demostrar en el mejor de los casos que era el hombre equivocado en el sitio equivocado en el momento equivocado. Demasiados errores para el ganador de las últimas elecciones, que debe felicitarse por la imputación en la Audiencia Nacional. Su conducta ya solo tiene defensa penal.













