Catorce personas, ocho dormitorios y 3.700 euros por una vivienda en condiciones de hacinamiento

En un humilde barrio de Tenerife, escondida entre calles estrechas, se alza una vivienda que parece normal a ojos de un transeúnte cualquiera. Solo la delata la puerta principal y, a medias, un hilo de luz que se cuela por una persiana rota, casi vencida, y por un techo de metal agujereado que, en los días de lluvia, deja caer goteras por las paredes. Al entrar, un pasillo estrecho, con forma de ese, conduce a unas habitaciones abiertas y desemboca, al fondo, en una cocina solitaria, antigua y obsoleta. Allí, entre paredes sin pintar y puertas que no cierran del todo, conviven hacinadas catorce personas de distintas nacionalidades. 



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