El rock’n roll de Rubén de la Barrera logra los tres primeros puntos del nuevo curso para la UD con dos viejos rockeros, Jesé Rodríguez y Sandro Ramírez, dando la nota en el momento preciso para ajusticiar a un Albacete en estado de shock tras ver cómo se le escapaba de entre los dedos el empate en los minutos de añadido.
El Bichito era duda por las molestias físicas que le dejaron fuera del Trofeo Carranza. Su inclusión en el primer once de la nueva temporada convertía en incógnita la opción de disfrutar de la Doble J de entrada. La explosion de Rafa Cruz le daba chance. Pero el técnico gallego subió la apuesta, antepuso los galones del 10 y le colocó en la punta de lanza junto a Jefté y a un Taisei Miyashiro que completaba el letal tridente ofensivo de los amarillos.
El fútbol va de hambre, de ganas de reivindicarse y de eso Jesé iba sobrado en un debut en el que los focos no han parado de apuntar sobre su compañero en la Doble J. En la primera ocasión que tuvo, el Bichito cumplió con su cometido y no perdonó para adelantar a los insulares a las primeras de cambio. Quizás fue ese deseo irrefrenable de querer ofrecer su mejor versión la que le llevó a cortar el pase medido de Fuster hacia Jefté en el que pudo ser el segundo tanto de la noche para la UD. El killer no fallaba en su remate, pero unos centímetros, por fuera de juego, le apartaban de la gloria del doblete, mientras su compañero se lamentaba de no haber sido él, en posición reglamentaria, el que finiquitase la jugada.
Una hora del ‘Bichito es mucho
Como buen viejo rockero, Jesé se vació sobre el campo la hora que le mantuvo De la Barrera sobre el césped irregular de un Estadio de Gran Canaria que tampoco facilitaba las cosas en la noche de ayer para los virtuosos del balón. Su salida del campo servía para dar entrada a un Rafa Cruz que, junto a Elías Romero, aseguran la continuidad de las raíces de esa canariedad que quiere recuperar Miguel Ángel Ramírez y el propio técnico gallego; y en las que tiene mucho que decir también un Valentín Pezzolesi que arrancó el partido como lateral izquierdo y a los diez minutos, con la lesión de Marvin Park, tuvo que cambiar al lado diestro para dar un recital de compromiso a sus 19 años. Los Kirian Rodríguez, Álex Suárez y Juanma Herzog apuntalaban la canarización de un equipo de titanes que siente el escudo que llevan en el pecho como propio.
Por esa razón, aunque el gol de San Bartolomé a cinco minutos del final parecía ensombrecer el mensaje festivalero de De la Barrera, mientras Sandro Ramírez esperaba para entrar en la banda para disfrutar de sus primeros minutos después de una pretemporada en blanco, ese mazazo no terminó de aplacar el espíritu revanchista de los amarillos.
Sandro vuelve a ejercer de killer
El grancanario formado en La Masía ya había advertido en pretemporada que no había que darle por acabado a pesar de estar el último año prácticamente en el dique seco por las lesiones. Cuando todo parecía perdido volvió a aparecer, como lo hizo el curso pasado con su galopada para ajusticiar a la Cultural Leonesa, para jugar los últimos minutos. Suficiente para él, para cambiar una mala noche y convertirla en mágica, con uno de esos goles que solo son capaces de marcar los grandes.
La grada, consciente del calvario del 19 con las lesiones, enloqueció y coreó su nombre incesantemente, mientras lágrimas de emoción recorrían el rostro del artillero. El propio Sandro reconocía ante las cámaras, con los tres puntos luciendo orgullosos en el casillero de la UD, que «tenía ganas de jugar, sentirme bien, sin dolores, porque ha sido un proceso complicado, porque no veíamos la manera y tenía que entrenar aguantando el dolor para intentar ayudar». «Al final, el año pasado ni pude, porque mi cabeza ya no soportaba más el dolor, pero en verano hemos buscado otra manera, no quiero decirlo muy alto, pero por fin juego sin dolor, se me nota que me encuentro bien», desvelaba emocionado.
De la pretemporada, en la que no pudo disputar ningún minuto en los amistosos que jugó el equipo, afirmó que «fue atípica». «No podía entrenar mucho con el grupo, siempre haciendo trabajo por fuera, pero el míster me ha dado su confianza, me ha visto bien esta semana entrenando, sin dolores y la verdad es que le estoy muy agradecido a todos los que lo han hecho posible y que no se les ve, porque yo soy el que está en el terreno de juego y el que mete el gol, pero detrás de esto hay mucha gente que lo ha pasado mal».
«Lo he pasado muy mal, pero soy una persona positiva que intenta que los demás no me vean sufrir y aquí estoy, contento por la primera victoria y por la gente, en un año ilusionante, como le dije al presidente, lo importante es tener gente de aquí, de nuestra casa, como le pasó al Málaga el año pasado, subió con gente joven que siente la cantera y aquí tenemos a muchos canteranos a los que se les puede dar la oportunidad y aquí estamos los veteranos para ayudarlos y tirar de ellos», concluía el viejo rockero, feliz por los tres puntos, los primeros de muchos.
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