El Real Madrid escribió el epitafio de otra temporada maldita en su mejor partido en la Champions. Un duelo jugado con orgullo y mirando a los ojos al Bayern, al que tuvo acobardado durante muchos minutos. Pero esta vez la fortuna, la misma que tantas veces le ha sonreído, le dio la espalda. Justo el día que todos corrieron y en otra noche en la que echaron de menos a Courtois, el portero milagro. Murió de pie, pero de poco le vale porque ahora restan dos meses de travesía por el desierto buscando culpables para explicar estos dos años sin títulos.
Un tiroteo en la primera mitad
El idilio del Real Madrid con la Champions trasciende a lo paranormal. Solo así se explica la mutación de Neuer de héroe en la ida a villano en la vuelta. 36 segundos tardó el Real Madrid en igualar la eliminatoria. Un mal pase del portero llegó a los dominios de Guler, que agradeció el regalo clavando una rosca deliciosa en la red. Se las prometían felices los blancos, pero cuatro minutos después un centro al área de Kimmich fue rematado por Pavlovic ante la pasividad de Lunin. Error por error. El duelo era un intercambio de golpes entre dos pesos pesados.
A los 28 minutos Arda enroscó una falta junto al palo y Neuer volvió a fallar estrepitosamente. El Madrid revoloteaba alrededor de un Bayern histérico preso del pánico ante el fantasma blanco. Los bávaros monopolizaban el balón y los de Arbeloa se iban aculando, hasta que Kane recibió solo, con la complicidad de Trent, y anotó el empate. Poco le duró al aliviado Kompany porque cuatro minutos después una cabalgada de Vinícius terminó con una asistencia a Mbappé, que apareció para marcar el tercero. Tres disparos, tres goles. El Bayern estaba sonado al descanso.
El encuentro transitaba por lugares comunes para este Real Madrid, atrincherado en su área, corriendo menos y disponiendo de menos balón. Sin embargo, le bastaba con las estampidas. Pudo sentenciar Mbappé a pase de Trent mientras se le agotaba la paciencia a un Bayern denso como el asfalto. La importancia del duelo se resumía en el compromiso de Vinícius y Kylian, remangados en tareas defensivas. El partido era un rondo bávaro, pero cargado de pases horizontales e intrascendentes. Los de Arbeloa, por su parte, rozaban la puntilla en cada arrancada. Otra de Mbappé no terminó con un remate de Vinícius por centímetros. Solo Olise creaba peligro enroscando combas a la escuadra de Lunin tras sus diagonales.
Y entonces Camavinga vio dos amarillas en ocho minutos, la segunda injusta por una supuesta pérdida de tiempo que en ningún momento. Demasiado poco para dejar a un equipo en inferioridad. Se reorganizaba el Madrid cuando tres minutos después Luis Díaz se revolvía en el área y sacaba un disparo sucio que tocó en Militao antes de entrar en la red. A un minuto del final, más el descuento, los blancos estaban fuera después de hacer su mejor partido en esta Champions. Olise puso el colofón en la última jugada con un gol catedralicio. Se aferraba Arbeloa a la camiseta antes del partido y no le bastó. Esta vez ni siquiera le bastó con el fútbol.
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