Las redes sociales han cambiando la forma en que nos comunicamos entre nosotros y también han logrado que la gente se crea que por tener un teclado de móvil u de ordenador, pueda escribir lo que le plazca – ya sea positivo o negativo y con fundamentos o sin ellos–tanto en Instagram, como en Facebook, o TikTok y otras redes sociales.
Con todo, hay personas que creen que por el simple hecho de escribir un comentario en las redes sociales, es decir, tener el derecho a opinar de ciertos temas –como la ciencia, la medicina, la historia o cualquier otra temática que tenga estudios detrás– sin tener idea de lo que hablan, hace directamente su opinión válida. Pero, tener derecho a opinar, no convierte nuestra opinión en conocimiento.
Vivimos en una era saturada de información, con acceso inmediato a fuentes académicas, bibliotecas digitales y libros en línea; por eso, resulta cada vez menos admisible hablar como si lo que uno dice fuera una verdad incuestionable.
En el ensayo La anatomía de la estupidez humana, el autor y psicólogo Emilio Gómez Milán, de la Universidad de Granada, plantea que la gente no es estúpida por falta de capacidad sino por elección y eso se ve mucho en las redes sociales. «Al estúpido le gusta molestar y decir que ‘no’ sin razonar. Pone trabas a las soluciones nuevas. Tiene necesidad de cierre (le gusta acabar la tarea en curso, eliminar la incertidumbre, es prejuicioso, necesita respuestas simples, directas y sin ambigüedad, aunque sean falsas). Piensa que las cosas deben ser de una sola forma. El estúpido busca sentir la seguridad, aunque sea una falsa seguridad, esto es, desea oír lo que es dulce a su mente y oídos, aunque sea simple o falso», señala el psicólogo en su trabajo académico.
Hoy se habla de Política, de Feminismo, de Sociología, de Cultura, de Psicología, sin saber ni siquiera que significan estos conceptos y hasta hay gente que está convencida de que su opinión invalida marcos teóricos conceptuales.
«Pierre Bourdieu habla de la doxa, que es ese tipo de opiniones poco elaboradas que realmente empiezan a circular y terminan quedando como evidencias que no se cuestionan. Y lo que hace el mundo digital realmente es amplificar la doxa, es decir, en sociología siempre contraponemos lo que es la opinión a lo que es el pensamiento. El pensamiento generalmente es algo mucho más elaborado, necesita su tiempo, necesita un proceso reflexivo, incluso un pensamiento muchas veces se construye en base a cuestionar incluso lo que uno piensa. Pero, el mundo digital no está hecho para esta parsimonia», señala el sociólogo de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) e investigador del grupo Estudios de Género, Feminismo y Educación, Jorge García Marín.
Es por esto que las redes sociales nos han hecho daño porque podemos comentar, enviar mensajes, subir posts y uno tiende a pensar que eso tiene un peso, pero muchas veces, no. Antes de opinar, debemos hacernos una simple pregunta: «¿yo sé de lo que estoy hablando?». Tener una opinión no nos da autoridad y exigirle al otro rigor no es soberbia, es responsabilidad.
Además, en estos últimos años se dio un cambio radical respecto a la esfera pública y su credibilidad. «Ahora las redes sociales son la plaza pública. Entonces, a la hora de dar una noticia, a la hora de hacer un comentario, a la hora de una crítica, todo se multiplica por varios cientos de personas que son las que están en la red, por lo que hay que tener mucho cuidado», señala el analista de Comunicación de la Fundación Casaverde, Julio García Gómez.
Los medios de comunicación
Los medios de comunicación también tienen su rol en ese sentido porque son aquellos que deben mediar entre las noticias y las opiniones. «Hay unos límites que deben ponerse en marcha, unos códigos de actuación que cada día deben afianzarse para distinguir entre lo que es información y entre lo que es opinión y comentario. En las redes convencionales, medios convencionales y canales habituales, esto antes quedaba bien definido, pero ahora el límite, a veces, no se sabe establecer. Hay que poner mecanismos en marcha muy rigurosos desde las instituciones para que esto se distinga y educar a la población en saber distinguir lo que es información de lo que es opinión», explica el experto en estrategias de comunicación.
Es importante que los jóvenes sepan diferenciar entre noticia y juicio de valor, y esto tiene que venir desde dos ámbitos, el público y el privado. «Las generaciones jóvenes confunden que alguien haya emitido un juicio de valor con que sea una noticia y dan como noticia un simple comentario. Por eso es necesario educar al ámbito social y familiar y a las generaciones más jóvenes, pero también a las adultas. Es precisa una buena educación online», asevera García Gómez.











