El Real Zaragoza, con estas dos últimas derrotas ante Mirandés y Córdoba, dos partidos que disminuyen sus probabilidades de permanencia en esta temporada de locura (para mal), da síntomas de una clara enfermedad que los de David Navarro llevan teniendo desde el inicio de la temporada: la falta de gol. Con unas aportaciones de Dani Gómez y de Kenan Kodro insuficientes para el club zaragocista, hoy toca echar la vista atrás para ver cómo un buen ‘nueve’ ya es un motivo de peso para competir por una vuelta a Primera División que se lleva más de diez años esperando.
Los más recordados de esta etapa negra en Segunda: son Luis Suárez en la temporada 19/20, truncada por la pandemia; Borja Bastón en la 14/15, con el naufragio en Gran Canaria; y Borja Iglesias en la 17/18. Todos ellos superaron la veintena de goles, algo que queda muy lejos si se miran los últimos cursos. Pues bueno, ha sido el gallego quien en una entrevista ha recordado su paso por la capital aragonesa y ha revivido el momento de su carrera en el que tocó fondo.
El que hoy es delantero del Celta de Vigo y uno de los atacantes candidatos a ir convocado al Mundial de este año llegó cedido a un Real Zaragoza en el año 2017 con muchas ganas de demostrar lo que hizo en el filial de Vigo. Venía de marcar 34 goles en la antes llamada Segunda B, 32 en la fase liguera y 2 en los ‘play-offs’ de ascenso a la categoría de plata, y bien que hizo lo mismo en La Romareda, anotando 23 dianas y repartiendo 6 asistencias en 43 partidos en una temporada clave para la carrera del ariete. «Fue bonito y muy especial, era mi primera etapa completa en un equipo profesional, era mi momento para ver y decir si estoy capacitado para esto -competir al máximo nivel-. Creo que una de las cosas más bonitas que tiene Zaragoza es que la exigencia es máxima, aunque esté en Segunda, como lleva tantos años, la atmósfera que se respira, la ciudad, el club… tiene un aura de Primera«, expresa el delantero de 33 años.
Algo que le pesó especialmente es el ser la referencia de un equipo de esta magnitud. «Me daba un poco de vértigo cuando me llegó la situación de ser el delantero del Zaragoza, llevar el número ‘9’ era como: hostia, a ver cómo va esto», dice Iglesias entre risas, quien se define como «peleón» a la hora de actuar en la punta de ataque. «El equipo cogió una dinámica y un tono precioso, competíamos muy bien».
Pero no todo son alegrías y mucho menos en el club del león. El conjunto aquel entonces entrenado por Natxo González firmó un excelente curso liguero, quedando terceros con 71 puntos, a tan solo cuatro de una SD Huesca que firmó el primer ascenso de su historia a la máxima categoría del fútbol español. El Real Zaragoza tenía en su mano firmar un curso histórico para el fútbol aragonés, ascendiendo a sus dos equipos de Segunda a la Primera División, sin embargo, el destino tenía preparado un revés en el camino llamado Numancia.
El primer partido de estas semifinales de ‘play-off’ quedó en tablas, 1-1 en Los Pajaritos, con un golazo de falta del capitán Alberto Zapater en el minuto 4 que tardó en ser igualado dos instantes. La vuelta en La Romareda prometía que el Zaragoza iba a volver a disputar una final por el ascenso tres años después de la debacle en el Estadio de Gran Canaria. La historia os la sabéis todos, un mazazo en el 92 del exzaragocista Diamanka frustró un posible regreso a la gloria tras muchos años, algo que afectó realmente al delantero. «Es el momento más duro de mi carrera. Es el que lo recuerdo como una mezcla entre tristeza y felicidad, por todo lo que habíamos conseguido y para lo que había sido para mí ese año, pero es de las noches más tristes de mi carrera. Recuerdo estar en el sofá de mi casa con mi madre llorando toda la noche«, expresa Iglesias.
«Estuvo cerca, pero bueno», concluye el delantero del Celta de Vigo, quien siempre es preguntado por esta etapa de su carrera por los medios. Tras esa fructífera temporada a nivel de cifras, el español fue catapultado directamente al RCD Espanyol por 10 millones de euros, lo que fue un punto de inflexión en su carrera. Borja Iglesias ha llegado a jugar en clubes de gran talla, como el Real Betis, donde si hizo con la Copa del Rey en 2022, o Bayer Leverkusen, conquistando la Bundesliga y la DFB Pokal de la mano de Xabi Alonso, además de su éxito en la Nations League con la Selección Española.
Lo que está claro es que su espina clavada en el corazón va a ser siempre esa semifinal contra el Numancia, en un Real Zaragoza que le encandiló como futbolista y al que siempre estará agradecido a su afición por el cariño que el ‘9’ recibió en la capital aragonesa.













