Cuentan que una pequeña comunidad de eunucos, devotos de la Diosa, andaban errabundos transportando sus enseres a lomos de un pobre asno al que tenían molido a golpes. Los muy malvados disfrutaban castigando a la bestia con una vara de buenas dimensiones, pensando quizá en lo que a ellos les faltaba. Día llegó en que, del mucho sufrir y del poco comer, el asno murió.
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