Hay un gran trabajo común en la cantera

El Fabril está a un paso de alcanzar su sexto ascenso. Depende de sí mismo y podría tocar el cielo este fin de semana, en Riazor, ante su gente, aunque no podrá descorchar el champán hasta conocer el resultado del Oviedo Vetusta. Le saca nueve puntos a falta de doce por jugarse, pero tiene el golaverage perdido. Ha sido una larga travesía para la cantera blanquiazul desde aquel descenso en 2019 a Tercera División, antes del reajuste de la pirámide nacional y la creación de una escala intermedia entre Segunda División B y Segunda. En el recuerdo queda la promoción bajo la tutela de Óscar Gilsanz, los cimientos a los que hoy Manuel Pablo da forma; y el camino de quienes estuvieron antes. En las victorias y, también, en las derrotas, porque no se entiende al filial coruñés sin aquellas fases de ascenso fallidas cuando ganar la liga no era suficiente. «Es un premio a la regularidad, un privilegio de quien ha sido el más regular. En un play off dependes a veces de acciones puntuales que te pueden estropear toda una temporada», explica Rubén Rivera, delantero coruñés en la promoción de 2007, con Tito Ramallo en el banquillo, y quien también contó otras dos promociones fallidas.

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