que le nombre cabeza de lista

Jordi Évole juzgó anoche a Álvaro García Ortiz y lo absolvió. Nunca el nombre de un programa estuvo tan bien elegido: Lo de Évole.

Aquí podría poner punto final a esta columna. Pero sólo veinticuatro palabras… Tal vez fuera interpretado como una desconsideración por el lector y por el director de este periódico.

Mi arranque de laconismo tiene su razón de ser. Évole sólo dio una noticia. Permítaseme recurrir a su lenguaje llano para exponerla: está jodido porque los Reyes no le invitan a la recepción del 12 de Octubre.

«A mí nunca me han invitado», dijo. Y apostilló de inmediato: «Ni quiero». ¿Cabe mayor confesión?

Ya puede Casa Real tener la deferencia de inscribirlo en la lista de ilustres para el Día de la Fiesta Nacional de este año. Un Évole despechado puede ser definitivo para el devenir de la Monarquía.

El resto del espacio fue una recopilación de todos los elementos exculpatorios que se publicaron en su día para defender la inocencia del fiscal general del Estado, salpimentada con la misma pregunta recurrente para tocar la fibra sensible del espectador en medio de la aridez jurídica: «¿Cómo se sintió?».

García Ortiz tuvo que responder cómo se sintió cuando conoció su imputación, cómo se sintió cuando asistió al registro de su despacho, cómo se sintió cuando Alberto González Amador declaró contra él, cómo se sintió cuando conoció la condena…

Imagino el desencanto de Évole. Los primerísimos planos en busca del dramatismo fueron baldíos. No hubo lágrima.

Sí sirvió tanta insistencia para que el ex fiscal general del Estado revelara un dato. Su hijo, como el de cualquier familia de la clase trabajadora y de la mayoría social de este país, conoció el desenlace del juicio en el extranjero, donde cursa sus estudios.

Hay que agradecer a Évole su loable esfuerzo por mantener la atención del espectador en un caso ciertamente complejo. Pero salvo Miguel Ángel Rodríguez y los muy cafeteros, dudo que alguien aguantara las dos horas largas que se prolongó el juicio.

La idea de mostrar en un tablón a los protagonistas y las relaciones entre todos ellos, a la manera en que los detectives resuelven los casos de los asesinos múltiples en las películas americanas, estaba bien traída. Pero ese rato del tablón con el periodista y el fiscal dando la espalda al televidente tenía por necesidad que hacerse interminable, como así sucedió.

La pega de este juicio, en el que Évole era el único magistrado, es que la técnica se parecía demasiado a la del Tribunal Constitucional desde que lo preside Cándido Conde-Pumpido. A uno siempre le queda la sensación de que primero se escribe el veredicto y luego se buscan los argumentos.

Así se entiende que el juez Évole prescindiera de las doscientas treinta y tres páginas de la resolución de los siete magistrados del Tribunal Supremo para presentar, de un lado, a la víctima, y enfrente a sus verdugos, sin mayores matices.

En el lado oscuro militan el mitificado Rodríguez, Isabel Díaz Ayuso, su pareja, la fiscal Almudena Lastra, el juez instructor Ángel Hurtado, los jueces de la Sala Segunda Manuel Marchena, Antonio del Moral, Carmen Lamela y Andrés Martínez Arrieta, pero también la UCO y las acusaciones populares, definidas estas por Évole como «una alineación guapa de la ultraderecha española», en la que cabe incluir al Colegio de Abogados de Madrid.

El periodista-juez tuvo el detalle de preguntar a García Ortiz por qué borró todo el contenido de su móvil justo el día de su imputación: «Admitirá que eso cree suspicacias». Y ahí acabó el interrogatorio.

No se sustrajo, en cambio, a algunos de esos tics que funcionan bien como propaganda, pero que denotan pereza intelectual. Comentarios del tipo «se ha juzgado lo suyo antes que lo del señor Amador» o «ahora quién quiere ser fiscal general en este país».

Baste decir sólo que hubo pronta sustitución para el inhabilitado, y así, Teresa Peramato ya ha tomado algunas decisiones. Ha nombrado teniente fiscal de Galicia a la esposa de García Ortiz, pese a estar la penúltima en el escalafón entre siete candidatos.

También, en contra de la Asociación de Fiscales, la mayoritaria en la carrera, ha fulminado a Almudena Lastra para poner en su lugar a una persona que estaba perdida en el puesto 1.306 en la jerarquía.

¿De quién depende la Fiscalía? ¿De quién depende Peramato? Pues eso. La frase, honra a García Ortiz admitirlo, «perseguirá siempre» al presidente del Gobierno.

Como broche, Évole tentó al hombre condenado por el Supremo pero absuelto por él anoche mismo en su programa, con la posibilidad de que Pedro Sánchez le nombrara «número uno por Pontevedra» o por cualquier circunscripción, en una lista electoral. «Ya sabe como es él», vino a decirle.

Y lo más sorprendente es que García Ortiz no se rió. Se limitó a decir que él está en otras cosas. ¡A ver si al final…!

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