Donald Trump no se olvida de Groenlandia en pleno choque con los aliados de la OTAN a propósito de la guerra en Irán. El general Gregory Guillot, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, declaró a mediados de marzo durante una audiencia en el Congreso que la Administración estaba negociando con Dinamarca para ampliar su presencia militar en la isla más grande del mundo.
«Estoy trabajando con nuestro departamento y otros actores para tratar de desarrollar más puertos, más aeródromos, lo que ofrece más opciones a nuestro secretario y al presidente, si los necesitamos en el Ártico», anunció el general, una voz de peso en el Pentágono.
«Han sido socios muy, muy cooperativos», celebró Guillot, unos días antes de la radiotelevisión pública danesa DR desvelara que Copenhague había preparado a los soldados que desplegó en enero en Groenlandia para volar las principales pistas de aterrizaje por temor a que Trump ordenara una invasión.
De acuerdo con Guillot, sin embargo, el presidente de Estados Unidos quiere «un mayor acceso a distintas bases en Groenlandia, habida cuenta de la creciente amenaza y de la importancia estratégica» de la isla. En concreto, el Pentágono pretende recuperar el acceso a dos bases cuyas tropas abandonaron durante y después de la Guerra Fría, y controlar una instalación adicional.
En caso de que Copenhague ceda ante las demandas de la Administración Trump, Estados Unidos tendría a su disposición hasta cuatro bases militares en la isla. En la actualidad, sólo opera una, la base aérea de Pituffik, en la costa noroeste de Groenlandia, donde permanecen desplegados un centenar de soldados.
Según The New York Times, la portavoz del Comando Norte, Teresa Meadows, concretó que los planificadores militares estadounidenses tienen en el punto de mira las aldeas de Narsarsuaq, ubicada en el sur de la isla, que cuenta con un puerto de aguas profundas, y Kangerlussuaq, en el suroeste, que dispone de una pista de aterrizaje.
Estados Unidos ya controlaba bases militares en estas dos localidades. Abandonó la primera en la década de los cincuenta y la segunda, en los años noventa. Buena parte de la infraestructura fue desmantelada tras su salida.
Las declaraciones de Guillot en el Congreso arrojan luz sobre el anuncio que Trump realizó en enero tras reunirse en Davos con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Fue entonces cuando aseguró haber sellado «el marco de un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, de hecho, a toda la región del Ártico».
Al término del encuentro con el ex primer ministro neerlandés en los márgenes del Foro Económico Mundial, Trump aclaró que la «solución» que acababan de discutir «será muy positiva para los Estados Unidos de América y para todas las naciones de la OTAN».
Cuestionado poco después durante una entrevista con la CNBC, el mandatario republicano se limitó a decir que era un acuerdo «un poco complejo» que no tendrá «ninguna limitación temporal» y cuyo contenido se conocerá «más adelante». «Es un acuerdo a largo plazo», insistió entonces. «Es el acuerdo definitivo a largo plazo, y creo que pone a todos en una posición muy buena, especialmente en lo que respecta a seguridad, minerales y todo lo demás».
No obstante, la ampliación de la presencia militar estadounidense en Groenlandia es una de las cláusulas que recoge el acuerdo de defensa que Washington y Copenhague suscribieron en 1951, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos asumió la defensa de la isla.













