En las últimas semanas, el fútbol se ha convertido en un criadero de comportamientos retrógrados. Los insultos desde la grada y en el terreno de juego se han multiplicado en un salto al pasado, a décadas que parecían exterminadas, en años oscuros en los que los estadios vivían anclados en tiempos pretéritos y se toleraban conductas que hoy en día parecían completamente olvidadas.
No era difícil encontrar un campo de fútbol donde se coreaban cánticos como el «Míchel o Guti, maricón», «negro, cabrón, recoge el algodón» o se imitaba el sonido de los monos cada vez que un jugador de raza negra tocaba la pelota. Ningún estadio se salvaba de tan denigrante hecho. De Este a Oeste. De Norte a Sur.
El transcurrir de los años y de las generaciones había erradicado ese tipo de actos o, por lo menos, los había difuminado. Sin embargo, el racismo, la xenofobia y la homofobia han regresado paulatinamente, en el césped y en las tribunas. Quizás alimentado y amparado por el auge de la extrema derecha a nivel europeo. No hay liga que se salve de ello y cada semana se produce un comportamiento de esta índole en el Viejo Continente.
‘El Panda’, objeto de insultos
Borja Iglesias es un futbolista que sufre en sus propias carnes los insultos homófobos en cada partido. El delantero del Celta de Vigo tiene una estilo de vida atípico para un jugador de fútbol. El gallego siempre se ha posicionado políticamente y ha defendido los derechos de los colectivos minoritarios. Eso le ha valido para ser objeto de burlas y mofas por parte del público, quizás amenazado moralmente por esa mentalidad progresista de ‘El Panda’. No se entiende de otra forma ya que, en el plano deportivo, el compostelano nunca ha levantado la voz. Es más, es un jugador que derrocha simpatía, cercano con los aficionados y cae bien al público neutral.
Iglesias ha concedido una entrevista al diario francés ‘L’Équipe’, en la que detalla cómo ha encajado todas esas críticas y cómo empezó a pintarse las uñas, una de las señas de identidad del gallego. «Al principio me afectó (los insultos); lo tomé como algo personal. Pero después de pensarlo, lo veo de otra manera. Que te llamen «maricón» no me parece un insulto. Cuando alguien dice eso, creo que sería mucho más feliz siendo «maricón» que como él, lleno de odio, sin nada mejor que hacer que lanzar insultos al final de un partido. Lo que me molesta es que una persona gay tenga miedo de salir del armario por este tipo de reacciones. No poder ser uno mismo y amar a quien uno quiera es inaceptable», reconoce el gallego.
‘El Panda’ ha regresado a Vigo tras un periplo que le llevó a defender muchas camisetas: Zaragoza, Espanyol, Betis, Bayer Leverkusen… En casa ha encontrado el cariño de una afición celeste que le admira por sus goles y por su compromiso, fuera y dentro del campo. De ahí que hace unas jornadas se organizó una pintada de uñas popular en Balaídos como apoyo a Borja Iglesias.
Los jugadores del Celta con las uñas pintadas tras el partido contra el Rayo Vallecano en apoyo a Borja Iglesias / Celta
«Durante el confinamiento (2020), con mi exnovia, en casa, pero tenía miedo del qué dirán. Poco después, el movimiento Black Lives Matter (tras la muerte de George Floyd en Minneapolis) me impactó mucho. Así que me pinté las uñas de negro para visibilizar esta causa y combatir las actitudes racistas en España. Pintarme las uñas me da la sensación de poder expresar algo, como un corte de pelo o un tatuaje. No siempre lo hago; depende de mi estado de ánimo. A veces uso colores o diseños», indica el jugador olívico.
Lejos de ver a un jugador reconocer su homosexualidad
Sobre la posibilidad de ver a un futbolista salir del armario en España, Iglesias es realista y considera que «aún se está lejos»: «Me entristece que todavía parezca imposible que los futbolistas gays salgan del armario. Deben sentir, y lo entiendo perfectamente, que si hablaran, perderían todo lo que han ganado. Espero que podamos crear un entorno lo suficientemente saludable donde todos puedan hacer lo que quieran sin que nadie juzgue su trabajo por ello. Creo que estamos más cerca que nunca de ese momento, pero lamentablemente, aún estamos lejos. En veinte años en el mundo del fútbol, ni un solo compañero me ha contado esto, y eso me hace reflexionar».












