Las gallegas quieren ser médicas, policías, influencers o futbolistas, matemáticas o juezas, ingenieras o científicas. Bomberas, tatuadoras, mecánicas, DJs. Pueden ser lo que se propongan, todo aquello a lo que aspiren, pero entre sus preferencias no está el marisqueo, una actividad sin la cual Galicia no se entendería y que ha sido sostenida desde sus inicios por mujeres, cientos de profesionales que durante décadas han trabajado el mar con mimo para llevar el pan a casa.
Así lo exponen los últimos datos publicados por el Instituto Galego de Estatística (IGE), que confirma que ya no hay jóvenes de 20 años o menos marisqueando en la comunidad. La sangría del relevo generacional sigue brotando, sin que las Administraciones hayan sido capaces de dar con un parche que subsane el problema del sector. Un gremio que estos últimos años ha encadenado múltiples crisis de mortandad que han comprometido el estado del recurso, y por lo tanto la viabilidad económica de la actividad.
No hay futuro, o al menos ese es el sentir cada vez más generalizado. Entre ellas, solo se registraron 2.232 profesionales al cierre de 2025, un 9,6% menos. Una cifra muy alejada de las 3.887 de 2009, año en el que arranca la serie histórica y en el que las mujeres ocupaban nueve de cada diez empleos en los bancos marisqueros.
Se trata de la mayor caída anual de trabajadoras que registra el colectivo, tanto a nivel relativo como absoluto, con 238 bajas en el último año. El descenso, además, repercute singificativamente en el número de mariscadoras, que se encuentra en mínimos. Nunca hubo tan pocas.
Hoy las mujeres representan el 70% del gremio, que se ha masculinizado más, y la mitad de ellas está cerca de jubilarse o ya podría hacerlo, con edades comprendidas entre los 51 y los 60 años (956) o más (323). Las profesionales urgen una respuesta institucional adecuada para frenar la merma laboral que sufre el marisqueo, así como la crisis estructural del sector que han agravado los últimos temporales al reducir más la salinidad de las rías y provocar cierres.
«El marisqueo a pie es una actividad esencial y muy feminizada; muchas profesionales llevan meses con ingresos insuficientes. Se está actuando, pero hacen falta medidas ágiles y rápidas», señalaba en este sentido la presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres de la Pesca (Anmupesca), Pilar Otero, en declaraciones a FARO con motivo de una noticia publicada en la edición del pasado 3 de marzo.
El número de mariscadores crece un 13% y ronda los 950
En su conjunto, los permisos de marisqueo en Galicia siguen disminuyendo aunque a menor ritmo que el desplome de las mariscadoras, teniendo en cuenta que el número de trabajadores varones creció un 13,1% en 2025, hasta los 947 profesionales. El total de empleos en el sector, por su parte, baja un 3,9%, de 3.307 a 3.179, también en mínimos históricos. Son 128 licencias menos, a razón de una baja cada tres días.
El desglose por tipos de licencia dibuja un gremio que se reordena ligeramente, buscando salidas donde todavía hay margen. La mayoría, 2.823, corresponden a permisos generales, mientras que el percebe suma 224. Tocan el suelo los recolectores de anémonas (13) y de navaja y longueirón (cero). En paralelo, aparecen señales de desplazamiento hacia recursos alternativos: el erizo está en máximos con 50 licencias, los poliquetos alcanzan lo 56 y en las algas suben a 13, el doble que hace un año.
Donde el recorte se siente con más fuerza es en el tramo de edad que tradicionalmente sostiene el día a día del oficio: el colectivo de 51 a 60 años. Los permisos caen de 1.688 a 1.286, un 23,8% menos. Una pérdida de más de 400 profesionales en un solo año.
El mapa por zonas confirma que la caída no es uniforme y que hay territorios donde el marisqueo se está quedando sin aire. Cinco de las nueve zonas gallegas están en mínimos históricos: Vigo (325), Arousa (1.354), A Coruña-Ferrol (210), Cedeira (27) y A Mariña (37). Se «salvan», por ahora, Pontevedra (446), Muros (471), Fisterra (102) y Costa da Morte (207).
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