Usted, querido amante del Joc de Pilota debe saber que por las tierras euskaldunas andan de polémica por la aspiración de Pamplona en convertirse en «capital mundial de la pelota vasca», denominación ésta que podemos datar hacia los años veinte del pasado siglo pues antes se hablaba de Juego de Pelota. Divergencia que ha traspasado la adjetivación para adentrarse de lleno en un debate sobre la paternidad del juego. Y es importante acotar la terminología porque en el correcto uso del lenguaje puede estar la certeza histórica o la manipulación interesada.
En el siglo XIX nadie habló de pelota vasca, sino del Juego de Pelota. No es hasta 1921 cuando aparece el calificativo de «vasca». Los grandes duelos lo eran en las plazas libres, a largo y contando a «quinces» con la presencia de «rayas» o «chazas». Hubo desafíos históricos entre vascos y valencianos, como el de Cartagena en 1755. Hoy sería impensable un duelo semejante en esa ciudad pero en aquellos tiempos se jugaba a pelota a largo en toda España. En tierras vascas se impuso a partir del tercer tercio del siglo XIX el «nuevo juego de pelota» o «ble», es decir el frontón de tres paredes, que además se industrializó y se extendió por medio mundo con la cesta punta. Aquel juego contra la pared desplazó para lamento de escritores como Peña y Goñi el «majestuoso» juego a lo largo y se llevó por delante los partidos entre poblaciones en los que se jugaba el honor local, comarcal o regional. Lo sentimental dejó paso a lo mercantilista. Por eso, cuando la cesta punta dejó de ser rentable se acabó su esplendor. Cerraron frontones en Florida, México, Cuba, Macao, Shanghai, El Cairo, Milán… Una lección a tener en cuenta para los que priorizan lo monetario ignorando el valor único, incalculable de lo sentimental.
En tierras valencianas el gentilicio no aparece hasta bien entrado el siglo XX. En la fachada del Trinquet de Manises aparece en cerámica el rótulo de «Juego de Pelota».
La presentación de la campaña a favor de la capitalidad de Pamplona ha provocado la lógica reacción de otros territorios vascos por aquello de sentirse tan dueños del Juego de Pelota como puede ser Pamplona donde, por cierto, no hay sensibilidad para el juego a Largo, curiosamente el más popular durante siglos… en tierras vascas.
Y València? Como una imagen vale más que mil palabras, la foto de la selección valenciana femenina que participará en el Mundial de Mendoza entrenando en la plaza central de la «Ciutat de la Pilota» en la especialidad de Llargues y Juego Internacional refleja el espíritu que dio lugar a la construcción inacabada de esa obra magna que acogía a modalidades de juego directo pero también del indirecto. Una obra integradora que sin pretender nominaciones podría convertirse en la referencia unitaria pero diversa del Juego de Pelota. Una obra que desde el sentimiento de sentirse valencianos abre sus brazos al resto de naciones que mantienen este deporte para dignificarlo y como exigencia de respeto a una herencia que atraviesa siglos. A fin de cuentas el Joc de Pilota es de todos porque no es de nadie.













