Sin sorpresas, como suele suceder. El consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves mantener los tipos de interés de referencia en la zona euro sin cambios por cuarta reunión consecutiva. El precio oficial del dinero a corto plazo en la unión monetaria, así, quedará en el 2% en que lleva instalado desde el pasado junio, después de bajar dos puntos porcentuales desde el máximo del 4% que alcanzó en septiembre de 2023 como respuesta a la crisis inflacionista provocada por la salida de la pandemia y la guerra de Ucrania.
Ya lo anticipó el vicepresidente de la autoridad monetaria, Luis de Guindos, en una reciente entrevista en EL PERIÓDICO: «El nivel actual de tipos de interés, mientras no cambien las circunstancias, es el adecuado». Con la inflación bajo control y la economía dando muestras de resiliencia pese a las incertidumbres globales, la autoridad monetaria puede permitirse seguir instalada en el modo ‘esperar y ver’.
La inflación, así, lleva todo el año moviéndose en torno al objetivo del BCE de que esté en el 2% a medio plazo (en noviembre fue del 2,1%). Y la actividad económica, aunque moderada, está mostrándose más resistente de lo esperado: el PIB de la zona euro creció el 0,3% en el tercer trimestre, dos décimas más que en el trimestre anterior. Así las cosas, la decisión de mantener los tipos se daba por descontada, como le gusta al banco central, uno de cuyos objetivos es ser predecible para que los tipos del mercado reflejen la orientación de su política moentaria.
Revisión de previsiones
El mayor interés de los analistas está en la revisión trimestral de las previsiones macroeconómicas que realizará el organismo, por las pistas que pueda ofrecer sobre el futuro de la política monetaria a medio plazo. En septiembre, los expertos del BCE estimaron que la inflación se situará de media en el 2,1% en 2025, el 1,7% en 2026 y el 1,9% en 2027, con la subyacente (la que excluye los más volátiles precios de la energía y los alimentos) en el 2,4%, el 1,9% y el 1,8%. En cuanto al PIB, auguraron una expansión del 1,2%, 1% y 1,3%.
La presidenta de la institución, Christine Lagarde, ya anticipó recientemente que las previsiones de crecimiento económico podrían revisarse al alza, lo que reduciría aún más las posibilidades de una suavización adicional de la política monetaria si las perspectivas de inflación se mantienen ancladas en torno al objetivo del 2%. Así las cosas, es previsible que Lagarde reitere su mensaje de que el BCE está actualmente en una «buena posición» y seguirá tomando decisiones «reunión a reunión».
Dudas sobre el futuro
Al contrario que hasta hace unos meses, cuando se esperaba que el banco central aprobase una nueva y última rebaja de tipos hasta situarlos en el 1,75%, la idea predominante en el mercado actualmente es que los mantendrá sin cambios a corto plazo. En lo que empieza a haber disparidad de criterios es en si podría aprobar una subida a finales de 2026 (algo por lo que ha parecido abogar la consejera alemana Isabel Schnabel) o si es más previsible la estabilidad (como defienden otros consejeros).
También hay analistas que consideran que sería más probable un recorte, dado el riesgo de que la inflación se sitúe por debajo del objetivo durante el próximo ejercicio. La persistencia del IPC en el sector servicios despierta inquietud entre los miembros más ortodoxos del consejo de gobierno del BCE (los llamados ‘halcones’). Pero el abaratamiento de la energía y los productos manufacturados, junto con la fortaleza del euro frente al dólar, puede suponer un riesgo de que el IPC se sitúe persistentemente por debajo de la meta del 2%.
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