Por la presente, queda prohibido leer

El otro día intenté reponer la muy ajada funda de mi librónico (traduzco: mi libro electrónico) y no encontré una nueva ni en tiendas de barrio, ni en grandes, medianos o pequeños almacenes, ni en «Antigüedades Cuquis Retroclásicas», ni en los chinos que ya no son chinos, ni en «Boomer Vintage Cool», ni en las ofertas de «El Basurero Pulgoso». Mi librónico es mi biblioteca ambulante cuando viajo. Si ustedes usan ese mismo soporte libresco, abandonen toda esperanza de vestirlo pintón y molón. Los acompañará siempre en pelota picada.

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