Una mañana para pensar la esperanza
La ponencia central, “Esperanza activa: transformar la vida pública”, la ha protagonizado Sophia Kuby, directora de Relaciones Estratégicas y Capacitación de ADF Internacional.
El presentador Jorge Soley Climent, responsable de Relaciones Internacionales de CEU CEFAS, ha abierto su intervención confesando su “gran alegría” cuando los organizadores le anunciaron la invitación a Kuby. “Siempre que hablo con ella me resulta de gran interés”, ha afirmado, antes de repasar una relación profesional que suma más de quince años.
Una trayectoria marcada por la defensa de la dignidad humana
Soley ha recordado cómo conoció a Kuby en Bruselas, cuando ambos trabajaban en el lanzamiento de la organización European Dignity Watch. Ha destacado su “preparación, capacidad de análisis profundo y coherencia de vida”, cualidades que, dijo, “ya llamaban la atención entonces y siguen brillando ahora”.
También ha subrayado que la trayectoria de la ponente no se entiende sin su propio recorrido espiritual. Kuby “creció alejada de la fe y se bautizó ya de adulta”, un testimonio que, según ha indicado, conecta con la “oleada de miles de jóvenes que en diversos países vuelven a acercarse a la Iglesia”.
Tras su paso por Bruselas, Kuby se incorporó a ADF International, donde coordina programas de formación en Europa, Hispanoamérica y la Commonwealth, además de participar en alianzas jurídicas y sociales que defienden “el derecho a decir la verdad, la dignidad humana, el matrimonio y la familia” en múltiples instancias internacionales.
Soley ha recordado también su faceta intelectual: artículos en Le Figaro, The Post, colaboraciones en obras colectivas y un libro publicado en Francia en 2018, “El colmararatos deseos”, además de su participación en La batalla por la familia en Europa y en el reciente volumen chileno El gran debate ausente.
“La esperanza cristiana no es optimismo”
Cuando ha tomado la palabra, Sophia Kuby se ha adentrado de inmediato en la cuestión fundamental: qué significa vivir de la esperanza en un tiempo que ha descrito como una “época agitada de cambio cultural profundo”, un “intervalo confuso, complejo y caótico” entre dos eras.
Kuby ha distinguido con claridad entre esperanza y optimismo. El optimismo, ha explicado, “es la esperanza en circunstancias favorables”, pero es frágil: “¿Qué pasa si las circunstancias no son favorables? ¿Si son realmente difíciles?”. Frente a ello ha situado la esperanza cristiana, que “no proviene de las circunstancias, sino de la certeza de que Dios sostiene el mundo”.
Ha citado a Benedicto XVI y su llamada a la “gran esperanza”, aquella que trasciende lo inmediato y brota de la redención: “El mundo tiene un Salvador”, ha recordado Kuby, y la relación con él capacita para mirar la realidad “de otra manera”.
Transformar la sociedad como misión cristiana
La ponente ha sido tajante al afirmar que mantener la fe en un ámbito puramente privado “no es una opción”. Ha recordado el mandato evangélico: “Id por todo el mundo y haced discípulos”. En su planteamiento, la fe cristiana implica una visión integral del ser humano y, por tanto, de la economía, la política, la educación, la justicia o la tecnología.
“Nuestra fe siempre es personal, pero nunca privada”, ha subrayado. “Ser cristiano significa, en la medida de mis posibilidades, modelar el mundo según el plan de Dios para la creación”.
Kuby invita a no confundir esperanza con inacción: “Esconder la cabeza bajo el ala no es una opción”. Al contrario, propone entrar en la realidad con todas sus tensiones: “El fruto de una confrontación honesta es una convicción más profunda, decisiones más firmes y, si se hace desde Cristo, más esperanza”.

Ejemplos de esperanza puesta a prueba
La directora de ADF Internacional ha compartido varios casos de personas perseguidas por vivir su fe en el ámbito público: la diputada finlandesa Päivi Räsänen, procesada por expresar convicciones cristianas; la activista británica Isabel Vaughan-Spruce, detenida por “rezar en silencio”; o el mexicano Rodrigo Iván Cortés, condenado por criticar la ocupación de cuotas de mujeres por personas trans.
De todos ellos dice lo mismo: “Son personas llenas de esperanza”. Su resistencia a la injusticia, afirma, demuestra la diferencia entre simple optimismo y una esperanza arraigada.
Una nueva generación que quiere liderar
Kuby ha destacado también la labor formativa de la Academia Areté, iniciativa global de ADF que identifica y forma a jóvenes cristianos para roles de liderazgo en política, derecho, comunicación, universidad y sociedad civil. “Son excelentes, profundamente creyentes y entienden su fe como motor para dar forma al mundo”, asegura.
La retirada y la indignación: dos trampas
La ponente ha dedicado un bloque final a advertir contra dos actitudes que, a su juicio, impiden vivir una esperanza transformadora:
La retirada, es decir, ceder a la idea de que la fe debe quedar relegada a la esfera privada.
La indignación, que convierte al cristiano en un actor reactivo, movido más por el enfado que por la verdad y la misericordia.
Ambas, según dice, “incapacitan la misión”. Ha recordado que todo ser humano vive desde una cosmovisión, también quienes se consideran neutrales, y animó a formarse intelectualmente para “pensar de manera cristiana”. Citando a San Pablo: “Transformaos por la renovación de vuestro entendimiento”.
“El futuro está en manos de quienes den razones para vivir y esperar”
Kuby ha cerrado su intervención con una llamada directa: “El evangelio vuelve a ser existencial”. Apoyándose en datos sobre salud mental juvenil, soledad, ansiedad y desesperanza, insiste en que el mundo necesita cristianos capaces de ofrecer razones para vivir.
Ha recurrido al Concilio Vaticano II, que afirmó que “el futuro de la humanidad está en manos de quienes son lo suficientemente fuertes como para dar a las generaciones venideras razones para vivir y esperar”.
“No hagamos esperar más a la creación”, ha concluido.














