Reina ha sido, a excepción de la Policía Local, la última en salir del edificio de la calle Joan Miró de Palma en el que esta mañana han desahuciado a su hija, Mari, y a su nieto de ochos años. Estos últimos vivían en las infraviviendas alquiladas ilegalmente por el agente multado tras haber perdido la habitación que tenían en otro piso. Reina, que desde hace meses reside en un centro de acogida de Inca por motivos de salud, les había cedido el trastero para que se quedasen allí a vivir. Hoy, con rabia e impotencia, ha presenciado como los albañiles, trabajando a órdenes de la comitiva judicial, tapiaban la puerta de lo que durante un tiempo ella y su familia habían considerado un hogar.
Con su perro en brazos, atiende a los medios de comunicación. «Tuve una operación y, por eso y por mi edad, me buscaron algo temporal fuera de las infraviviendas», explica Reina. Estos últimos meses, y hasta el 1 de enero de 2026, se queda en un centro en Inca. Esto dejó libre el trastero en el que hace escasos días se instalaron su hija y su nieto: «Ella estaba en una habitación de alquiler, pero la propietaria alquiló el piso entero a un chico y le dijo que se tenía que ir el día 1. No he podido hablar mucho con ella todavía».
Ambas fueron a ver a los Servicios Sociales para buscar una salida a la situación, preocupadas también por el menor de ocho años. «Mi hija y yo les explicamos la situación. Nos dijeron que estaba bien, que durante el tiempo que se quedase allí -en las infraviviendas- reuniese un poco de dinero. Estuvo de acuerdo con lo que decíamos», relata.
Reina se olía el posible desenlace y argumenta que, pese a la comprensión mostrada por parte de la administración, no es la primera vez que ordenan un lanzamiento en su contra: «Yo pensaba que, como habíamos denunciado a ese malechor, podría volver -al trastero- una vez terminase lo que me ofrecieron del centro temporal. Pero nada, en julio dijeron que ya me habían dado sitio para quedarme y mandaron al juzgado y a la policía diciendo que había un desahucio».
«No le quedó otra que venir. Y yo le dije que sí»
«Ella es joven, y con el niño y en la calle, es muy difícil. No tiene otro lugar al que ir, porque cuando le echaron de la otra casa no le quedó otra que venir aquí. Y yo le dije que sí», lamenta con resignación.
Reina explica que su hija fue hace tiempo víctima de violencia de género y pasó por centros de acogida de los que no guarda una buena experiencia. «Allí las cosas no van muy bien entre las compañeras«, desliza. El Ayuntamiento ha informado de que Mari ha rechazado la propuesta de alojamiento de los Servicios Sociales.
Durante más de un año, Reina ha vivido en una de las infraviviendas de Joan Miró en condiciones muy precarias. Sin embargo, pese a haber pasado unos meses en un centro de acogida de Inca, no ocultaba su intención -ahora frustrada- de regresar a su casa: «Aquel no es que sea un sitio muy agradable, pero en cierta manera se está bien. Yo estoy pensando más en que estaré, el 1 de enero, con mi hija, el niño y el animalito en la calle«.
Pese a estar apuntadas en el IBAVI desde hace años, ni la administración ni el mercado han conseguido dar una solución habitacional a la familia. Reina lo afronta con una admirable fortaleza: «Si mi hija va a estar en la calle, yo voy a estar en la calle con mi hija. Porque, ¿quién la va a defender a ella, con un niño y estando en la calle?«.
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