Xabi Alonso tiene dos días para preparar la semifinal del Mundial de Clubes ante el PSG. Sigue su trabajo contrarreloj en un equipo que va adaptándose con rapidez a su estilo de juego. De los tres jugadores que han disputado todos los minutos del torneo pierde a uno, Huijsen. Y tiene que decidir si sienta a otro de los nueve que han sido titulares en los cinco partidos, Gonzalo.
Sin central zurdo
La pizarra de Xabi parte de tres centrales y dos carrileros. En el primer partido apostó por el 4-3-3 ante el Al Hilal (1-1) y cambió al 4-4-2 ante el Pachuca (3-1), que acabó siendo 5-2-2 con la expulsión de Asencio. Los siguientes tres partidos se decidió por su dibujo habitual, el 5-3-2. Ante el PSG pierde al único central zurdo que tiene, Huijsen y aparece Mbappé, recuperado de sus problemas gastrointestinales dejando su firma ante el Borussia con un gol marca de la casa.
La baja obligada del defensa andaluz la cubrirá probablemente con Asencio, al que tenía castigado por hacer un penalti innecesario ante el equipo árabe, que le privó de la victoria, y por la expulsión ante el Pachuca que, para los intereses blancos, no fue decisiva. Ahora, se ve obligado a ponerlo salvo que decida retrasar a Tchouameni y jugar con cuatro defensas. Esto facilitaría cambiar el dibujo con cuatro o tres centrocampistas y dos o tres delanteros.
Duda razonable
Con tres delanteros, facilitaría la vuelta de Mbappé sin tener que sentar a Gonzalo para apostar por el 4-3-3 que no funcionó ante el Al Hilal. Puede ser un riesgo poner al francés, que no ofrece garantías defensivas de ningún tipo, y deshilache al equipo con tres delanteros. Con Gonzalo todo ha funcionado bien, el Madrid ha sido un bloque, se ha movido con armonía en la presión, ha replegado líneas con orden y guardando las distancias entre ellas. A esto suma que el canterano ha marcado cuatro goles.
La decisión no es fácil. Mbappé debe integrarse en el equipo cuando pierden el balón. Tiene que cumplir en tareas defensivas más allá de defender con la mirada y un simple posicionamiento, además de hacerlo por detrás de la línea de la pelota, como no dejó de pedirle a gritos ante el Borussia. Un trabajo que Gonzalo sabe hacer complementándose bien con Vinicius. El francés es una calamidad defensiva, juega para él. Y si no, que se lo pregunten a Luis Enrique.















