Pedro Simón reivindica el amor sencillo y las segundas oportunidades en ‘Lo inesperado’. Una vez más, el escritor transforma la, a veces, dura realidad en historias llenas de esperanza y luz. (Ed. Planeta)
No estamos preparados para lo inesperado, pero estamos obligados a vivir con ello.
Tendemos a pensar que lo inesperado es algo malo y no tiene porqué; también son segundas oportunidades. Frente a ‘Los ingratos’, ‘Los incomprendidos’ y ‘Los siguientes» que eran libros que hablaban del paso del tiempo con cierta oscuridad, me apetecía escribir una novela que hablara del paso del tiempo como algo bueno, como algo que te vuelva a dar una oportunidad.
Pedro Simón presenta ‘Lo inesperado’ / Celeste Martínez
Lo inesperado, como un accidente, una enfernedad o un volver a enamorarse, llega sin aviso y a todos nos puede suceder.
Creo que somos precisamente lo que hacemos siempre después de una caída. Estamos hechos de la manera en la que nos comportamos. Cuando se te muere un hijo, tienes una enfermedad, te deja tu pareja o te quedas sin curro, es cuando descubres cosas de ti mismo que no sabías. Cada uno afronta las adversidades de una manera. En esta novela es muy ejemplar e inspirador cómo afrontan las situaciones los personajes.
Creemos que lo controlamos todo y lo inesperado nos descoloca.
Como decía Mike Tyson: ‘Todo el mundo tiene un plan hasta que te pegan la primera hostia’. Y es exactamente eso, porque ante un accidente, una enfermedad o incluso ante el amor, parece que no estamos preparados.
¿Por qué esta historia?
Quería contar una historia de amor. Y eso, por una parte, tiene sus riesgos porque puedes romantizar, caer en un lugar común o caer en lo cursi, pero me apetecía una histoira normal porque ahí está lo interesante. Me flipa un poema de Cocteau que dice: ‘Mi casa se estaba quemando y solo podía salvar una cosa. Decidí salvar el fuego. Ahora no tengo casa en la que vivir, pero el fuego vive en mí». En la novela hay dos personajes que son octogenarios que deciden salvar el fuego porque el fuego hipnotiza, transforma, te da calor y hay que ser muy valiente y muy punky para que te dé igual lo que piensen los demás y decidas salvar el fuego. Respecto al porqué, tengo un amigo de 80 años que fue profesor mío de literatura y un día paseando por el barrio pasamos por un centro de mayores e iban dos ancianos de la mano. Yo le dije: «Me flipa la gente que lleva 30, 40, 50 años juntos y siguen yendo de la mano» y me respondió: «No, no, si llevan 2 años». Y a partir de ahí empezó a crecer todo.
Pero la historia es muy dura.
Mis libros siempre se escriben desde la dureza. Trato de ser honesto y de hacerme daño cuando escribo porque solo así puedo transmitir. Lo contaba una cantaora flamenca que se llamaba la tía Anica, la Piriñaca. Le preguntaban que cuándo sabía si había cantado bien o mal y ella respondía: «Cuando la boca me sabe a sangre». Creo que cuando estás escribiendo y la boca te sabe a sangre es que estás tocando la médula.

Pedro Simón publica ‘Lo inesperado’ / Celeste Martínez
Vuelve a acudir a lo corriente, a lo que no hace ruido pero con lo que cualquier lector empatiza. ¿Es en lo cotidiano donde más cómodo se siente?
Me gusta la cotidianidad. Me he criado en Carabanchel y como periodista vivo de observar y destripar a la gente que tengo delante. Hay heroicidades de gente anónima que son historias flipantes. Decía el poeta granadino Jesús Montiel: «Me pasé toda la vida detrás de gente que parecía interesante y con el paso del tiempo me he dado cuenta de que la verdaderamente interesante es la que no lo parece». Cuando tienes 25 años te enamoras del que hace mucho ruido y cuando tienes 50 te interesa la gente más callada y silente.
¿Lo importante es lo que se calla?
Se habla mucho de la valentía en el decir, pero yo creo que se habla poco de la heroicidad del callar y muchas veces callando ayudas y haces que el ecosistema no se derrumbe. La gente mayor es la que mejor sabe gestionar los silencios. Tienen una inteligencia natural, que yo diría que es sabiduría, que manejan muy bien.
Habla de dos familias y dos formas de afrontar la pérdida, la enfermedad y el paso del tiempo. La familia de Lola vive el golpe en presente: la enfermedad, el cuidado, la urgencia. La de Luisa en el después: la pérdida, la memoria, la reconstrucción. Dos tiempos distintos y el mismo dolor.
Son dos familias unidas por la esperanza y los goles en tiempo de descuento o en canastas sobre la bocina. Este libro es una novela de amor de una canasta sobre la bocina.
Y de amor entre dos octogenarios precioso.
A veces nos da grima imaginar a dos personas de 80 años que se quieren y se besan. Yo he procurado hablar de un amor sencillo y que fluye porque las complejidades tienen poco que ver con el amor. He conocido historias así y me han parecido deslumbrantes. Y lo que cuento no es tan raro, estuve en un centro de mayores y una profesora me dijo: «Uy, si yo te contara aquí las que hay».
Además de amor hay mucha resignación.
Y rebeldía y valentía.
‘Las novelas me dan la luz que la realidad no me ofrece’
Uno de sus personajes es un niño hospitalizado enfermo de cáncer. ¿Fue duro construir este personaje?
Escribir es ponerte los zapatos de otro y a veces los zapatos te aprietan y te hacen ampollas. Escribir de menores es algo delicado pero creo que solo se puede escribir si te haces daño a ti mismo escribiendo. Tampoco es agradable ser el cuidador de una persona que tiene demencia, ni una mujer que ha enviudado porque su marido se ha matado en un accidente de tráfico . Para poder escribir hay que hacer una gimnasia emocional y ser esa persona ese tiempo
Es reportero y mira la realidad de frente ¿Qué queda del periodista cuando escribe ficción?
Es una especie de refugio. Un periodista puede contar la historia pero no puede, por ejemplo, devolver la vida a un niño, pero cuando escribes una novela eres como un pequeño Dios porque puedes conseguir todo lo que quieres y eso es gratificante. Las novelas me dan la luz que la realidad no me ofrece.
¿Qué le gustaría que el lector sintiera al cerrar ‘Lo inesperado’?
Me gustaría que sintiese ganas de vivir y le estuviera agradecido a la vida; que sintiese que a pesar de lo malo que le haya pasado, mañana le puede pasar algo extraordinario que no estaba en el guion.
Después de escribir esta novela, ¿mira de otra manera la vejez, el amor o el cuidado?
Creo que necesitaba cambiar mi mirada… tengo dos padres octogenarios y quiero ver también los 80 como una oportunidad, como un consuelo, como un puerto refugio, como un sitio donde se está calentito y hay mucha luz.
¿Necesita escribir novelas para aislarse de la realidad?
Lo que necesito es leer. Creo que lo contrario de la muerte no es la vida, es la pasión y a cada uno le mantiene vivo una pasión y mi pasión es leer.
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