Altea despide a uno de los artistas que forman parte de la historia cultural de la localidad. Alfonso Saura Llorens, pintor, grabador y ceramista nacido en Alcoy, falleció este sábado a los 97 años en Altea, la localidad que eligió para vivir desde los años sesenta del siglo pasado junto a su esposa, la reconocida ceramista Fina Llácer, fallecida en octubre de 2025 a los 89 años de edad. El entierro del artista ha tenido lugar este domingo, 4 de octubre, a las 13.30 horas, en el Tanatorio de La Vila Joiosa.
Con la muerte de Alfonso Saura desaparece uno de los últimos representantes de aquella generación de artistas que, atraídos por la luz, el paisaje y el ambiente abierto y cosmopolita de Altea, contribuyeron decisivamente a convertir la localidad en uno de los principales focos de creación artística de la Comunidad Valenciana durante la segunda mitad del siglo XX.
De Alcoy a Altea
Nacido en Alcoy en 1929, Saura recibió becas del Ayuntamiento de Alcoy y de la Diputación Provincial de Alicante que le permitieron formarse en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y ampliar posteriormente sus estudios en la Escuela Española de Bellas Artes de Roma. Su trayectoria artística estuvo vinculada a la pintura, el grabado y la cerámica, y su obra se movió principalmente en el ámbito de la figuración, con especial atención al paisaje, el retrato y el bodegón.
Roma y sus viajes por distintos países europeos dejaron una huella importante en su formación. Expuso en diferentes ciudades y galerías y mantuvo siempre una estrecha relación con Alcoy, aunque Altea acabaría convirtiéndose en su lugar de residencia y en uno de los principales escenarios de su vida artística.
Su llegada a Altea coincidió con una época especialmente fecunda para el municipio. En 1965, Saura y Fina Llácer formaron parte del grupo Altea 119, junto a otros artistas como Alberto Romero, Uwe Pieper, Mieke Tromp y Eyvind Petersen. Aquel movimiento es una muestra del ambiente artístico internacional que se había instalado en la localidad.
Una obra entre la figuración y la experimentación
La pintura de Alfonso Saura evolucionó a lo largo de las décadas, aunque mantuvo siempre una sólida base figurativa. Su producción abarcó el paisaje, el retrato y el bodegón, combinando un dibujo preciso y una formación académica con tratamientos más expresivos, intensos valores cromáticos y aproximaciones al surrealismo. Su obra se encuentra en colecciones particulares y en diferentes instituciones, entre ellas el Museu del Casal de Sant Jordi de Alcoy y la Diputación de Alicante.
Una vida compartida con Fina Llácer
La trayectoria de Alfonso Saura está estrechamente ligada a la de Fina Llácer, ceramista y escultora con la que compartió vida y actividad artística durante décadas. La pareja desarrolló en Altea una parte fundamental de su producción y participó en el intenso movimiento cultural que convirtió la localidad en lugar de encuentro de artistas procedentes de diferentes países.
Fina Llácer, especializada en cerámica, dejó también numerosas obras vinculadas al espacio público y a la arquitectura. Ambos trabajaron incluso conjuntamente en piezas cerámicas, como algunos murales y elementos ornamentales realizados durante aquellos años. La documentación sobre el patrimonio artístico alicantino recoge varias de estas intervenciones.
El homenaje de Alcoy en 2023
Uno de sus últimos grandes reconocimientos públicos llegó en mayo de 2023, cuando el Círculo Industrial de Alcoy organizó la exposición “Alfonso Saura Llorens, Antología”, una muestra que repasó su trayectoria artística desde los años cincuenta hasta comienzos del siglo XXI. Con 94 años, Saura regresó entonces a Alcoy para participar en el homenaje y aprovechó la ocasión para donar cerca de 90 obras al Círculo Industrial. La entidad conserva actualmente una importante representación de su producción artística.
La Pinacoteca del Círculo Industrial recoge actualmente 91 obras de Alfonso Saura en su colección, una presencia que convierte a la institución alcoyana en uno de los principales espacios para conocer su trayectoria. En aquella ocasión, el artista recordó que Alcoy había estado siempre presente en su vida, aunque llevaba décadas residiendo en Altea. También habló con especial emoción de Fina Llácer, a quien definió como una persona fundamental en su vida.
Adiós a un artista de Altea
Aunque su partida de nacimiento artística está en Alcoy, Alfonso Saura fue también, y durante más de medio siglo, un artista de Altea. Aquí encontró junto a Fina Llácer el lugar donde vivir, trabajar y desarrollar su obra. Su fallecimiento supone la desaparición de uno de los últimos protagonistas de aquella Altea de los años sesenta y setenta en la que pintores, ceramistas, escultores, escritores y artistas de diferentes procedencias encontraron un espacio de libertad y creación.
La concejala de Cultura, Pepa Victoria Pérez, ha lamentado este domingo el fallecimiento de Alfonso Saura y ha afirmado que con él “desaparece una parte de aquella generación que ayudó a construir la identidad cultural de la Altea contemporánea. Queda su obra, repartida entre colecciones públicas y privadas, y queda también su memoria vinculada para siempre a una localidad que fue mucho más que su lugar de residencia: fue su casa artística y vital”.
Dos grandes artistas que se despiden de Altea
El fallecimiento de Alfonso Saura se produce apenas unos meses después de la muerte de Pepe Díaz Azorín, otro de los grandes nombres de las artes plásticas estrechamente vinculados a Altea. Díaz Azorín falleció el pasado 15 de marzo, a los 86 años, después de haber residido en la localidad desde 1979. Pintor, escultor y grabador, fue también catedrático de Dibujo y desarrolló una extensa trayectoria artística, reconocida en 2017 con la Distinción de la Generalitat al Mérito Cultural.
Su huella permanece especialmente visible en la provincia. Es autor de Dibuixar l’espai, la monumental escultura de una mano que sostiene un lápiz instalada en el campus de la Universidad de Alicante, convertida en uno de los símbolos de la institución, y de L’abraç, escultura de bronce instalada en 2023 en el paseo marítimo del Bol de Altea.
La coincidencia en el tiempo de las muertes de Pepe Díaz Azorín y Alfonso Saura Llorens supone la desaparición de dos artistas pertenecientes a generaciones diferentes pero unidos por una misma circunstancia: ambos hicieron de Altea su lugar de residencia y de creación y contribuyeron, desde sus respectivas disciplinas, a consolidar la localidad como uno de los grandes focos de las artes plástica valencianas.
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