La ‘foto finish’ también habla y se interpreta como una radiografía, aunque a veces es necesario esperar la opinión de varios especialistas. ¿Quién ha ganado? ¿Remco Evenepoel? ¿Giulio Ciccone? En la televisión, sin una imagen demasiado clara de las cámaras instaladas en la meta de Liubliana, era imposible interpretar el resultado. Y en Eslovenia, en el lugar de los hechos, todos parecían hacer lo mismo, incluido Tadej Pogacar, que se paseó en coche por el circuito del Campeonato de Europa de ciclismo. Los jueces, después de una espera, dieron la victoria Evenepoel.
Desde la lejanía resultó imposible emitir un veredicto. La televisión ofreció el grito de alegría de Evenepoel, mientras se veía a un Ciccone, decepcionado, dando golpes al manillar de su bici. El astro flamenco besaba a su mujer y su equipo gritaba tan fuerte como él. Los italianos, en cambio, lamentaban el resultado, que tuvo un cierto toque poético. Evenepoel hizo el trabajo, caída previa incluida, y Ciccone sólo se dedicó a ir a rueda del corredor belga, quien puso la belleza y, gracias a la ‘foto-finish’, consiguió una victoria más aliada con la épica que con un ciclismo insulso y sin mucha chicha.
Control belga
Bélgica controló todo el campeonato. Los demás corrían a estela de los ayudantes de Evenepoel. Así pasaban los kilómetros, una tensa tregua para anunciar el ataque de Evenepoel, que tenía que producirse, sí o sí, en la colina donde se habían resuelto todas las carreras anteriores tanto en categoría masculina como femenina.
El demarraje fue bestia, alocado y llegó a 36 kilómetros de la meta, a falta de una vuelta y en la cima de la colina. Ciccone, a dudas penas, lo siguió. Pero al coronar la subida había una curva donde le derrapó la bici a Evenepoel, que se fue al suelo. Un buen castañazo, pero sin consecuencias serias. Ciccone se dejó capturar y esperó a un nuevo ataque del belga, el definitivo, que se produjo en el descenso camino del último paso por la meta.
Fue un desenlace espectacular y polémico. Si se tratase de una radiografía quizá necesitaría una segunda opinión médica para saber el diagnóstico de un experto acerca de quién había ganado.
Le dieron la victoria a Evenepoel y quizás el planeta ciclista, excepto Italia, quedó complacido. Llegaron los dos a la zona de meta. Ciccone superó a Evenepoel en la última curva. El belga parecía entregado. Reaccionó. Pilló al italiano justo en la línea de llegada y ambos empujaron la bici para tratar de ganar milímetros que les sirvieran para ganar el campeonato. Luego vinieron unos minutos de incertidumbre hasta que se otorgó la medalla de oro al corredor flamenco.
Pogacar, con una camiseta verde, el color habitual de Eslovenia que vistió de blanco, no se perdió detalle de una carrera que quiso disputar hasta unos días antes. El UAE no lo dejó. Ni siquiera tenía bici preparada para el evento. Pero viajó a su país, al menos para dar apoyo moral. En el podio, Evenepoel sonrió mientras la tele servía para contemplar la cara, entre cabreo y decepción, de Ciccone, con su compatriota Christian Scaroni con la medalla de bronce.
Evenepoel consiguió otro hito en su carrera al incorporar el título continental al mundial y olímpico que ya poseía. Iván Romeo fue quinto, el más combativo en una selección española donde Juan Ayuso volvió a demostrar que está a años luz de su mejor forma en una temporada más discreta que espectacular.
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