La verja, metálica, era real. Pero también ejercía de metáfora, separando a la gente que se acercó para protestar por la crisis de la vivienda de los que son sus representantes políticos. En un día que no era uno más, cientos de personas, desde jubilados a estudiantes, fueron llegando al Congreso para dejar claro que no sienten que lo que pasa ahí dentro, o lo que se decide, les sea suficiente.
Todas las calles que daban acceso al Congreso estaban cortadas, dando lugar a escenas nada habituales. Vecinos sacando documentos para entrar a sus casas, decenas de turistas, maletas encima, hablando con la policía para pasar a sus Airbnbs… Y a escasos metros, gritos. Muchos gritos.
Mientras se celebraba el pleno más decisivo de los últimos años, a las puertas del Congreso no paraba de llegar gente al grito de «no nos vamos, nos quedamos». También clamaban contra los inversores y por la huelga entre cánticos como «ser rentista no es un trabajo» y «donde está el Gobierno progresista».
«No vamos a tolerar ni un desahucio más», clamaban Pablo, un estudiante de la Complutense que se acercó desde la acampada de Sol con sus compañeros de Universidad. Lo hizo porque siente que «la clase política ha abandonado a la clase obrera» y no queda otra que «luchar en primera persona».
Como él, también se plantó ahí Marcela, una colombiana de 30 años que llegó a España en 2024, y que «como inmigrante, siento el problema de cerca, y aún más si cabe». Por ello, pintó cientos de carteles y apareció en la Carrera de San Jerónimo con un bolsón de deporte lleno de ellos, para repartir entre los manifestantes, que le agradecían el trabajo realizado.
Pero si había alguien que atraía todas las miradas, esa era Mari Carmen. La otra Mari Carmen. Una vecina de Alcorcón de 76 años que hace 7 fue desahuciada de su piso en Alcorcón y ahora vive en Toledo con unos familiares. Donde no quiere vivir, porque «adoro Madrid, soy madrileña por los cuatro costados, se ve cuando canto en chotis y me mata vivir lejos obligada».
Entre caras y rostros visibles, afectados por la vivienda, trascurre una protesta que amenaza con alargarse más allá de la votación en el Congreso, prevista a las 15.00 horas, y que aparentemente no repondrá la brecha social abierta entre políticos y ciudadanos, que claman: «Hace falta ya una huelga general».
Fuente: El Periódico de España













