Dos clientas han relatado este miércoles en juicio que sufrieron abusos sexualespor parte de un masajista de la localidad de Tarajalejo, en Fuerteventura, en 2020 y 2024. Ambas coinciden en que se sintieron incómodas en el interior del local y notaron que el profesional les había «tocado de más» mientras se encontraban acostadas en una camilla. Sin embargo, el acusado negó los hechos y atribuyó las denuncias a que tenía uno de los locales más codiciados del pueblo y las denunciantes querían apropiarse del mismo.
La vista se celebró en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas y el fiscal, Miguel Pallarés, solicitó una condena de cuatro años de prisión por dos episodios ocurridos con cuatro años de diferencia. El primero es calificado como un abuso sexual, al haber tenido lugar antes de la reforma del solo sí es sí, y el segundo como una agresión. La defensa, en cambio, reclamó la libre absolución de su representado.
El primero en prestar declaración fue el presunto autor, Abián F. F., que gestionaba un centro dedicado a dar masajes, tratamientos corporales, trabajos de estética y a impartir clases de pilates. En septiembre de 2020, acudió al establecimiento una mujer que se había ganado una cesta de Navidad con dos bonos de peeling corporal y una limpieza facial y a la que su marido le regaló además una sesión de masaje.
«Nunca tuve ningún tipo de problema, fue un trato cordial», afirma el acusado
«Nunca tuve ningún tipo de problema, fue un trato cordial«, afirmó el acusado, quien añadió que después del servicio «quedó encantada e incluso puso una reseña» de cinco estrellas. En cuanto a los hechos relatados por la víctima, asegura que son «inciertos» y que «en ningún momento» le tocó las partes íntimas. «Llevo tres años intentando encontrarle una lógica y sigo sin entenderlo», expresó.
A la segunda de las denunciantes no la conocía, pero había tenido trato con su hermana. Esta última, según su versión, se había puesto en contacto con él meses atrás porque acababa de realizar un curso de estética y quería alquilar una casa en el pueblo. «Mi intuición me dice que quería el local para montar su negocio«, indicó el encausado, un aspecto que fue negado por la víctima, la cual declaró que el motivo de la llamada de su hermana era saber si estaban interesados en contratarla para hacer las uñas.
Pérdida de la facturación
El relato del encausado es que la última afectada, que acudió al centro en marzo de 2024, estaba tranquila y no hizo ningún gesto de incomodidad durante la sesión. Después de que las dos chicas lo señalaran por estos hechos, asegura que ha perdido un 50% de la facturación que hacía y le han cesado como colaborador de un seminario de defensa personal para mujeres.
La primera de las víctimas recordó que cuando acudió en 2020 al centro Abián F. F. le realizó una exfoliación corporal entera, se dio una ducha y después se tumbó boca abajo en la camilla. «Me dio un masaje corporal y me dio la sensación de que me estaba tocando de más», relató en el juicio. Al estirarle el brazo, sintió que dirigía su mano hacia sus partes y se bloqueó.
La Fiscalía pide cuatro años de cárcel al imputarle un delito de abusos y otro de agresión sexual
Con los ojos cerrados, le indicaron que se tumbara boca arriba y notó nuevos tocamientos. No denunció en aquel momento porque pensaba que sería su palabra contra la de él y que se trataba de un caso aislado. Cambió de opinión cuatro años más tarde, al tener conocimiento de que había otra perjudicada.
Esta contó que llegó a la clínica por un dolor en la parte alta de la espalda. Llegó al punto de la dolencia y lo masajeó, antes de explicarle que debía quitarse el pantalón para llegar a la zona lumbar, momento en el que comenzaron los presuntos abusos. «Pensé que no podía ser normal la forma en que me estaba tocando», remarcó. El juicio quedó visto para sentencia.
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