En Italia, las leyes electorales casi nunca son solo un cálculo parlamentario; son a menudo un traje a medida cosido para la siguiente batalla. La última propuesta legislativa de Giorgia Meloni ya tiene apodo de remedio milagroso: el Stabilicum. Se trata de una reforma electoral promovida por la primera ministra que introduce un nuevo sistema proporcional con un premio de mayoría a la coalición vencedora. Este miércoles inicia la fase final de su debate en el Parlamento italiano y la oposición de centroizquierda la rechaza.
La razón, dicen dentro del Partido Democrático y el Movimiento 5 Estrellas, es que detrás del Stabilicum está el miedo al fantasma de un centroizquierda unido. Tras el fiasco de 2022, cuando la dispersión del voto de estos dos partidos contribuyó a la victoria de la coalición de Meloni, ambas formaciones han entendido por fin que juntos suman y ahora están negociando una nueva alianza. Por eso, añaden, con la vista puesta en las generales de 2027, Meloni quiere cambiar las reglas del juego antes de que el marcador se le complique.
El 42%
En el ‘cómo’ está el nudo. La propuesta contiene diversas normas, pero la principal contempla un sistema proporcional aderezado con una jugosa bonificación. De aprobarse, si una coalición supera el 42% de los votos, se adjudicará automáticamente un ‘premio’ de mayoría de 70 diputados (de 400) y 35 senadores (de 200). Un colchón mullido para gobernar sin turbulencias.
«Lo importante no es la discusión sobre las listas o las preferencias, sino que contemos con una ley que garantice la estabilidad de los ejecutivos y evite las crisis permanentes«, ha defendido Antonio Tajani, líder de Forza Italia, uno de los socios de Meloni. El resultado sería un golpe para «la democracia descrita en nuestra Constitución», ya que la reforma «supone un ataque al pluralismo«, ha criticado por su parte el constitucionalista y senador del PD Andrea Giorgis. Es una maniobra de Meloni «para cambiar las reglas del juego antes de 2027 porque sabe que el centroizquierda unido puede ganar las elecciones», ha agregado Elly Schlein, jefa del PD.
El factor nueva ultraderecha
Pero la jugada no miraría solo a la izquierda, según diversos observadores. Meloni también estaría buscando neutralizar la amenaza de Roberto Vannacci, el general retirado que ha irrumpido en el escenario con su flamante Futuro Nacional y una ultraderecha desacomodada que incomoda al Gobierno. En caso de una victoria ajustada, de hecho, está claro que ni Meloni ni sus socios, Antonio Tajani y Matteo Salvini, quieren depender de Vannacci para formar mayoría.
El problema es que el actual escenario que dibujan las encuestas no excluye completamente esta posibilidad. En particular, un reciente sondeo de YouTrend otorga a Vannacci un nada despreciable 7,8% de los votos, mientras la coalición gubernamental no alcanza el ansiado 42%.
Eso sí, de salirle bien la apuesta, el botín para Meloni podría ser doble. Quien domine el Parlamento con semejante rodillo tendría la sartén por el mango también en 2029, cuando llegue la hora de elegir al nuevo presidente de la República, el máximo árbitro del poder en Roma. El voto final sobre la reforma está previsto para la primera semana de octubre.
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