Demos como una verdad empírica que España es la mejor selección del mundo: el Mundial y los 40 partidos que ya acumula sin perder uno solo sirven como prueba. Demos también por cierto e irrefutable que Lamine Yamal es un futbolista estratosférico que no brilló en ese Mundial y que esa es quizá la única brizna de duda de cara al Balón de Oro. ¿Y qué sucede si el que quizá es, hoy, el mejor jugador del mundo brilla capitaneando a la, sin duda, mejor selección del mundo? Pues que España es una fiesta infinita.
Lo fue en Wembley, con las tribulaciones propias de jugar contra un equipazo contra Inglaterra, y lo ha sido también en Sevilla, ante una Croacia con la competitividad de siempre, pero sin la calidad de hace unos pocos años. Casi todos los renglones los redactó Lamine en el Sánchez-Pizjuán, autor de dos goles y una asistencia en 68 minutos. Y con la sensación de que no se tuvo que esforzar en exceso y que a ratos incluso se enredó demasiado en filigranas. Es tan bueno que da igual.
En lo competitivo, que al final esto es una competición llamada Nations League que España aspira a ganar porque el hambre no se le agota, la victoria coloca a la selección como líder de su grupo en solitario. Una condición que, en buena lógica, debería prolongar el sábado en Oviedo contra Chequia y defender el martes que viene en Split ante su rival de anoche, en este agotador ‘macroparón’.
Cinco cambios en el once
Consciente, para su disgusto, de esta acumulación de partidos, Luis de la Fuente había anticipado varios cambios en Sevilla y correspondió a su promesa con cinco reemplazos con respecto al sábado: jugaron de inicio Huijsen, Zubimendi, Fermín, Oyarzabal y Baena por Laporte, Rodri, Olmo, Ferran y Williams. El capitán, eso sí, compareció al principio para recibir la copa del mundo de manos de Jesús Navas y ofrecerla a la afición española por primera vez desde las celebraciones del 20 de julio en Madrid.
Aunque, ciertamente, ha llegado esta España a un punto en el que, dentro de un orden, casi da igual quién juegue. Se demostró enseguida: si Lamine abrió el marcador en Wembley a los 105 segundos de partidos, frente a Croacia lo logró en apenas 70. Sacó la selección de centro, enhebró 25 pases sin interrupción y el último de ellos, obra de Baena, lo convirtió en gol el delantero azulgrana, tras un oportuno amago de Fermín.
Fueron después los dos mediapuntas andaluces, con más acierto del colchonero, los que fijaron el compás del fútbol español, aprovechando también la sobreatención croata a Lamine. Era la versión más ‘tikitakera’ de España, con Croacia persiguiendo sombras, cuando de repente ocurrieron dos sucesos inesperados.
Primero, Croacia marcó en su primera ocasión, gracias a un centro del eterno Perisic cabeceado por Beljo entre los centrales. Dos minutos después llegó el alivio, con Pubill emulando al delantero balcánico, en su caso con asistencia de Lamine, para anotar con la cabeza su primer gol con la selección.
Ovación sevillana a Modric
Todavía la quedaba a la estrella del Barça su truco final, ya en la segunda parte. Se alió con Pedri, que volvió a ser suplente, e intuyó el pase de fantasía del canario en el área. Se encontró a su compañero Livakovic cubriendo su poste y encontró la única rendija que les separaba para anotar el tercero de España.
España, en la media hora final, ya no perdió el control de un partido en el que Croacia empezó a mirar a posteriores compromisos, reservando a Kovacic y Perisic. Y permitiendo al Sánchez-Pizjuán disfrutar durante los minutos finales de la presencia de Modric, a quien la hinchada sevillana ovacionó como si hubiese nacido en Nervión. Desde el banquillo, Lamine contempló la escena pensando en que quizá ese sea su destino dentro de 20 años y vio a su amigo Nico Williams anotando el cuarto casi en el descuento, prolongando la fiesta infinita de España..
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