Hace apenas 18 meses, el Lucentum femenino abandonaba la fase decisiva de ascenso a LF2 con la sensación amarga de haber dejado escapar una oportunidad histórica. El ascenso estaba cerca, la ilusión era enorme y Alicante soñaba con recuperar presencia en el baloncesto femenino nacional. Sin embargo, el objetivo se resistió. Un año después, aquellas lágrimas se trasnformaron en el mayor éxito de la historia de la sección femenina del club.
La temporada 2026/27 quedará marcada para siempre en la trayectoria del Lucentum Alicante. Por primera vez competirá en la Liga Femenina 2, la tercera categoría del baloncesto femenino español. Un logro que trasciende el resultado deportivo y confirma la madurez de un proyecto construido durante años con paciencia, trabajo y convicción. Pero para comprender la dimensión de este ascenso hay que recordar que la historia no empezó en Cartagena, donde finalmente llegó el éxito. La historia comenzó en las derrotas.
La decepción llegó al final de la temporada 24/25; Una magnífica liga regular ofreció la oportunidad de ascenso en un fase final disputada en Manresa, donde ocho equipos luchaban por tres plazas en Liga Femenina 2. El equipo se ganó el derecho a disputar un encuentro definitivo por el ascenso, a cara o cruz. El premio estaba a cuarenta minutos. Y se escapó. La derrota frente al CB Isla Bonita dejó al conjunto alicantino a las puertas de la LF2.
Pero aquella decepción no marcaría el final del camino. Fue el punto de partida de una transformación que terminaría llevando al equipo hasta el ascenso en la temporada 25/26; completó una temporada extraordinaria, cerrando la liga regular con un inmaculado 26-0 que evidenció el crecimiento competitivo del proyecto. Semana tras semana fue construyendo una sensación de equipo preparado para algo grande. Ya no era únicamente un aspirante al ascenso; era el rival a batir. Y cuando llegó la fase decisiva en Cartagena, el conjunto alicantino transmitía la madurez, la confianza y la fortaleza necesarias para culminar por fin el objetivo que un año antes se había escapado entre los dedos. Sin embargo, el ascenso no es el final de la historia. Es apenas el comienzo.
Existe una tendencia a infravalorar la Liga Femenina 2 porque por encima aparecen la LF Endesa y la LF Challenge. Pero la realidad es muy distinta. Hablamos de una competición con 28 equipos divididos en dos grupos, siete meses de competición y únicamente dos plazas de ascenso. Una categoría en la que la igualdad suele ser la norma y donde la regularidad acaba marcando la diferencia entre quienes aspiran a los play-offs y quienes se ven obligados a luchar por la permanencia. La Liga Femenina 2 reúne cada temporada a algunos de los proyectos más ambiciosos del baloncesto femenino español. Equipos con presupuestos superiores, estructuras consolidadas y años de experiencia en la categoría, como GEiEG Pacisa, Horbisa Spirit Ausarta Barakaldo, Grupo Interbus Alcobendas, Sernova Renovables Real Canoe o Hierros Díaz Extremadura Miralvalle, parten habitualmente entre los candidatos a pelear por las posiciones de privilegio. A ellos se suman programas de formación de primer nivel como Segle XXI, auténtico referente de la cantera del baloncesto femenino español, lo que da idea de la enorme exigencia competitiva de la categoría.
La diferencia con la Primera Nacional tampoco se limita al nivel deportivo. Cambia la dimensión completa del proyecto. Los desplazamientos se extienden por buena parte de la geografía española, los costes aumentan, la preparación física adquiere una importancia distinta y la profundidad de plantilla pasa a ser decisiva. No es casualidad que el propio Lucentum reconociera durante el verano la necesidad de reunir cerca de 100.000 euros para garantizar la viabilidad de su estreno en la categoría y hacer frente a las nuevas exigencias del baloncesto nacional.
La buena noticia es que el conjunto alicantino no aterriza en la competición como un invitado ocasional. Mantiene buena parte del bloque que logró el ascenso y ha incorporado perfiles con capacidad para afrontar el salto de categoría. Entre ellos destaca Alba Alguacil, formada en la cantera de Hozono Global Jairis y con experiencia en la dinámica de un club de Liga Femenina Endesa y EuroCup Women o Laura Moro, incorporaciones que simbolizan la apuesta del Lucentum por combinar talento emergente, ambición y margen de crecimiento.
Pero quizá el mayor reto ni siquiera esté sobre la pista. La permanencia sería ya un éxito deportivo de enorme valor. Sin embargo, el verdadero desafío consiste en convertir este ascenso en el punto de partida de un proyecto estable. Y para lograrlo será imprescindible algo más que el rendimiento de las jugadoras.
Tampoco se entendería la situación actual del baloncesto femenino alicantino sin el trabajo desarrollado durante décadas por entidades que mantuvieron viva esta modalidad mucho antes de que el Lucentum alcanzara su actual dimensión. El histórico Akra Leuka, integrado en la estructura lucentina en 2016, aportó experiencia, jugadoras y una tradición de casi tres décadas de baloncesto femenino. Del mismo modo, el Club de Baloncesto Femenino San Blas es una referencia provincial en la formación y promoción de jugadoras. Buena parte del crecimiento actual del baloncesto femenino en Alicante tiene sus raíces en el trabajo constante realizado por estas entidades, que mantuvieron vivo el baloncesto cuando la visibilidad, los recursos y la repercusión eran mucho menores
El Lucentum ya ha demostrado que tiene capacidad para competir. Ahora necesita que ese crecimiento encuentre respaldo fuera de la cancha. Más patrocinadores, una mayor implicación institucional y una asistencia creciente al pabellón serán factores tan importantes como cualquier fichaje o cualquier victoria. Alicante suele reivindicar con razón la necesidad de contar con referentes deportivos femeninos. Ahora tiene uno delante. La mejor manera de defender ese discurso será acompañar al equipo cuando empiece la competición y lleguen las inevitables dificultades de una categoría tan exigente. Porque el ascenso ha sido histórico. Pero lo realmente trascendente sería lograr que no se convierta en una excepción.
Después de la puerta cerrada en Manresa, el Lucentum ha conseguido abrir la más importante. Ahora toca demostrar que ha llegado para quedarse. Y quizá el verdadero éxito no sea únicamente mantenerse en Liga Femenina 2, sino consolidar un proyecto capaz de crecer año tras año, convertirse en referencia para futuras generaciones de jugadoras y situar definitivamente al baloncesto femenino alicantino en el lugar que merece dentro del panorama nacional.
Suscríbete para seguir leyendo














