Ficha
Alicante, ADDA, 26 de septiembre.
ADDA SIMFÒNICA ALICANTE
Josep Vicent, director titular
Se inicia la temporada sinfónica en el Auditorio de la Diputación de Alicante con un gran reto artístico: la interpretación de El anillo sin palabras, la síntesis orquestal creada en 1987 por Lorin Maazel condensando en 75 minutos las 15 horas de la monumental tetralogía operística de Richard Wagner. Un reto para el director y para los integrantes de la orquesta ADDA Simfònica de Alicante, de la que Josep Vicent es director titular desde su fundación, hace ahora ocho años.
Richard Wagner
(Leipzig, 1813- Venecia, 1883)
El anillo sin palabras, arreglo de Lorin Maazel
El pasado 17 de agosto se cumplieron 150 años del estreno en Bayreuth de El ocaso de los dioses, la última jornada de la Tetralogía, así como de la representación de todo el ciclo completo de El anillo del Nibelungo, la apoteosis de una de las investigaciones más originales de la historia de la música. Un aniversario que ha situado en 2026 la obra del compositor alemán en los atriles de las más importantes formaciones orquestales del mundo como sucede hoy en Alicante con nuestra joven pero ya prestigiada formación sinfónica. Una forma para acercar la densa obra wagneriana permitiendo a todos disfrutar de la brillantez puramente orquestal de uno de los gigantes líricos del siglo XIX.
La idea de condensar la música de Tetralogía en una sola pieza provino del sello discográfico Telarc, que se lo pidió al maestro Lorin Maazel. El director de orquesta, violinista y compositor estadounidense de origen francés aceptó el desafío bajo condiciones muy estrictas: no compondría música nueva, no añadiría notas de su propia cosecha y mantendría la transición natural de la historia a través de los leitmotivs originales de Wagner. El anillo sin palabras (The Ring Without Words) es una síntesis orquestal creada en 1987 por Maazel que, al eliminar a los cantantes, hace que sea la orquesta quien asuma el papel protagonista narrando la historia de El anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen) y recogiendo los momentos claves de la mitología nórdica y el poema épico germánico La canción del Nibelungo, donde están presentes el amor, la traición, el oro del Rin y el trágico hundimiento del Valhalla, el castillo donde moran los dioses. Maazel, con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, realizó de esta síntesis una grabación histórica.
El primer intento de eliminar las voces y elaborar arreglos estrictamente orquestales de El anillo del Nibelungo fue del director de orquesta Hermann Zumpe, que ayudó a Wagner a mediados de agosto de 1876 a montar la primera representación íntegra de la Tetralogía en Bayreuth, en el teatro que levantara Wagner para sus óperas en la tierra de su protector el rey Luis Fernando de Baviera. En 1912, el gran director Leopold Stokowski subió a los atriles de la Orquesta de Filadelfia una versión orquestal de la Tetralogía, aunque sin la trascendencia de la de Maazel.
El anillo del Nibelungo, un proyecto de una ambición desmesurada, es un ciclo dramático compuesto por un prólogo, El oro del Rin, una ópera en un acto, y tres jornadas: La Walkiria, Sigrfrido, y El ocaso de los dioses. En el prólogo, en las poderosas aguas del Rin se enfrentan enanos, gigantes y dioses en el alba del mundo. En La Walkiria se narra como Wotan, padre de los dioses, ha procreado en Erda, la madre Tierra, a las walkirias, vírgenes guerreras para que escojan entre los caídos en batalla a los valerosos y los lleven al Walhalla, para que protejan a los dioses contra gigantes y enanos. Sigfrido narra la historia del hijo de Sieglinda, quien murió al dar a luz, que era hija de Wotan con una mujer mortal. Sigfrido vive en una caverna del bosque con Mime, un nibelungo, a quien interroga sobre sus orígenes al tiempo que acomete hazañas como la lucha con el dragón Fafner, que guarda el oro del Rin. Finalmente, El ocaso de los dioses, narra los amores de Sigfrido con una de las walkirias, Brunilda, a lo que se opone Wotan pues ambos son descendientes suyo. La enrevesada historia de amor finaliza cuando las hijas del Rin recuperan el oro y el fuego incendia el Walhalla, donde los dioses, reunidos en una sala del castillo, esperan su fin y que se cumpla la maldición que pesaba sobre el oro para que el sacrificio del amor redima al mundo y restituya la prístina pureza del todo. La elaboración de la Tetralogía, que Thomas Mann definió como «un arte que se dirige a un mundo unido fraternalmente, libres de la ilusión del poder, del dominio del oro, y cuyos fundamentos son la justicia y amor», supuso para Wagner más de veintiocho años de trabajo, desde 1848 hasta esa primera representación de la que se ha cumplido siglo y medio este verano.
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