El mundo del cine será un poco peor sin nuevas películas de Mike Leigh. Y, dado que él mismo ha afirmado que ‘Tender Loving Care’ podría ser la última de su carrera -a sus 83 años, afirma, los problemas de movilidad y la pérdida de masa muscular provocados por la miositis hacen que las exigencias físicas de rodar le resulten insoportables-, la Concha de Oro que el Festival de San Sebastián acaba de otorgarle invita a ser considerada como oportunísimo homenaje a la carrera de un director que, a lo largo de más de cinco décadas y 22 largometrajes además de una veintena de obras de teatro, ha creado arte a partir de la práctica y la celebración del apoyo comunal frente a la inoperancia y la hostilidad de las instituciones, y derrochado un humanismo exquisito en el proceso.
Sin embargo, centrarse en cuanto este reconocimiento tiene de tributo a una trayectoria que llega a su fin de algún modo significaría infravalorar los méritos de la que sin duda es una de las mejores películas de una filmografía llena de títulos valiosos. ‘Secretos y mentiras’ (1996) –Palma de Oro en el Festival de Cannes-, ‘Topsy-Turvy’ (1999), ‘El secreto de Vera Drake’ (2004) -León de Oro en la Mostra de Venecia- y ‘Another Year’ (2010) componen una reducida selección de ellos.
‘Tender Loving Care’ es una ficción tan destacada sobre el resto de las que este año han aspirado a la Concha de Oro que hasta resulta algo injusto que haya participado en la misma competición, y el jurado ha dejado en evidencia esa superioridad otorgándole también otros dos galardones, Mejor Guion -también para Leigh- y Mejor Interpretación Protagonista para la actriz Kate O’Flynn. Gracias a su increíble capacidad para equilibrar un malicioso sentido del humor con momentos dramáticos genuinamente desgarradores sin necesitar más que expresiones faciales, ella es el alma de una película que, a través de una sucesión de conversaciones magníficamente construidas y un puñado de protagonistas que la palabra “personajes” resulta inadecuada para definirlos -son, sencillamente, personas que viven frente a la cámara-, nos recuerda la extraordinaria habilidad del director británico para retratar la vida cotidiana con compasión y lucidez, y para encontrar lo extraordinario dentro de lo ordinario.
Apropiadamente, además, es una obra con maneras de canto de cisne porque, mientras reivindica la solidaridad entre las personas y lamenta el continuo deterioro de los servicios públicos financiados estatales en Reino Unido, se muestra obsesionada con el final, el de la vida misma pero también el de una sociedad dispuesta a cuidar de sus miembros más vulnerables. Es una película profundamente triste, aunque no completamente desprovista de esperanza. Si, en efecto, resulta ser la obra final de su autor, es una despedida gloriosa.
Los responsables del festival tienen motivos para sentir gratitud hacia Leigh, porque esta 74ª edición del certamen será recordada como la del triunfo de ‘Tender Loving Care’ y no por la cantidad de películas olvidables e irrelevantes que la acompañaron en el concurso. Del mismo modo, también es de agradecer que el grupo de profesionales que este año se han encargado de repartir los premios, presidido por el cineasta estadounidense Ira Sachs, haya incluido en el palmarés la mayoría de las mejores películas presentadas y ninguna de las más discutibles.
Todas sus decisiones, además, resultan fácilmente justificables. Una regla no escrita dicta que el segundo galardón en importancia, el Premio Especial del Jurado, vaya a parar a obras destacables por su radicalidad formal o narrativa, y eso hace que la elección de ‘Border’ para el galardón resulte idónea, en cuanto que la ópera prima del chino Ah Biao ofrece una descarnada crítica a la China contemporánea sirviéndose de una narración violentamente elíptica, de una nula dramaturgia y de una colección de interpretaciones carentes de expresión y psicología.
Tampoco admite verdaderas quejas la elección de la sueca Amanda Kernell como ganadora del Premio a la Mejor Dirección por su tercer largometraje, ‘Brace Your Heart’, una película indudablemente menor que, en todo caso, combina con destreza la retórica de un documental etnográfico con la de un melodrama amoroso. Aunque ambos considerables como secundarios, los dos galardones obtenidos por la epopeya ‘La bendición de la Tierra’, del noruego Hans Petter Moland –Mejor Interpretación Protagonista que para Asta Kamma August, compartido con Flynn, y Mejor Fotografía para Oskar Dahlsbakken– son una recompensa proporcionada para la que sin duda es una de las obras más sólidas entre las que han competido. Y mención aparte, por último, merece el Premio a la Mejor Interpretación de Reparto obtenida por Javier Cámara gracias a su trabajo en la comedia de ciencia-ficción ‘5 minutos más’, de Javier Ruiz Caldera.
Aunque su interpretación es irreprochable y la película en su conjunto es francamente divertida -el mejor de largo de los tres largometrajes españoles aspiraban a un lugar en el palmarés oficial-, da la sensación de que premiarle ha sido la mejor manera que el jurado ha encontrado de cumplir otra regla no escrita del festival según la que al menos un premio suele ir a parar a una obra producida en nuestro país. Considerando que la selección de películas nacionales presentadas a concurso ha sido una de las más endebles de los últimos años, no lo habrán tenido fácil.
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