El Consejo Superior de Deportes presenta hoy la Semana Europea del Deporte 2026, que se celebrará hasta el 30 de septiembre. Entre las novedades está la adhesión de 14 universidades españolas a una iniciativa destinada a impulsar la actividad física en el ámbito universitario.
Durante estos días habrá actividades por todo el país y Torrejón de Ardoz acogerá este sábado la BeActive Night. El objetivo es acercar el deporte a un entorno en el que, pese a concentrar a millones de jóvenes, la práctica deportiva todavía no siempre ocupa un lugar central. Porque la cuestión va mucho más allá de hacer ejercicio. ¿Por qué estudiar y competir siguen siendo caminos tan separados en España, mientras otros modelos han integrado ambas carreras?
El modelo universitario americano empieza mucho antes
Aquí aparece inevitablemente la comparación con Estados Unidos. La NCAA ha construido durante décadas un ecosistema en el que deporte y universidad forman parte de la misma estructura. No significa que todos los deportistas estadounidenses tengan una beca ni que todas las universidades funcionen como grandes fábricas deportivas. De hecho, la propia NCAA calcula que solo alrededor del 2% de los deportistas de instituto consigue una beca deportiva universitaria, y en la División III ni siquiera existen becas deportivas.
Pero sí existe una infraestructura mucho más desarrollada para convertir al estudiante en student-athlete. En la NCAA se combinan competición, ayudas económicas, requisitos académicos y servicios específicos. Las universidades de División I están obligadas a proporcionar recursos de apoyo académico y profesional, como tutorías, orientación académica y laboral y programas de desarrollo personal. Además, los deportistas deben cumplir determinados requisitos académicos para poder competir y mantener las ayudas.
El dinero también explica parte de la diferencia. La NCAA cifra en más de 4.000 millones de dólares anuales las ayudas deportivas concedidas y en más de 196.000 los estudiantes que reciben algún tipo de ayuda deportiva. Y el sistema ha cambiado todavía más desde la entrada en vigor del nuevo marco derivado del caso House: las universidades de División I pueden proporcionar beneficios económicos directos a los deportistas, además de permitir determinadas vías de explotación comercial de su nombre, imagen y semejanza.
Eso no convierte a la NCAA en un modelo perfecto. Es un sistema profundamente desigual entre universidades y divisiones, y las cantidades económicas están concentradas en determinados programas y deportes. Pero demuestra algo importante: cuando la universidad incorpora instalaciones, entrenadores, ayudas, seguimiento académico y competición dentro del mismo ecosistema, estudiar y competir dejan de ser necesariamente actividades enfrentadas.
España empieza a construir su propia respuesta
El cambio empieza a aparecer en algunas iniciativas españolas. La Liga U, creada por la ACB, la FEB y el CSD, nació precisamente para crear una vía intermedia para los jugadores sub-22 y facilitar que puedan continuar su formación académica mientras compiten a un nivel exigente. El proyecto cuenta con 15 millones de euros del CSD durante sus tres primeras temporadas, además de orientación y becas para los jugadores.
La segunda temporada comienza este 25 de septiembre con 14 equipos. Su existencia conecta directamente con una de las grandes cuestiones del deporte español: qué hacer con el talento que todavía no tiene sitio estable en el profesionalismo y que, al mismo tiempo, necesita construir una carrera fuera de las pistas. Es justamente ahí donde la universidad podría jugar un papel mucho mayor. No solamente como lugar al que acudir después de entrenar, sino como parte de la propia estructura de formación del deportista.
Porque la realidad de la mayoría de los atletas españoles no es la de una estrella profesional con ingresos suficientes para retrasar cualquier decisión académica. Para una enorme cantidad de deportistas, la universidad es precisamente el seguro de vida cuando termine la competición. El sistema debería conseguir que ese seguro no compita con la carrera deportiva, sino que la acompañe.
Las 14 universidades que ahora se incorporan a la Semana Europea del Deporte son un paso dentro de una iniciativa cuyo objetivo inmediato es promover la actividad física. Pero el debate de fondo es mucho mayor. La cuestión no es conseguir que los universitarios hagan más deporte. Es conseguir que los deportistas puedan ser también universitarios sin tener que elegir constantemente entre las dos cosas.













