Ni un mes de paz. Apenas unas semanas después de la muerte de Dolly Parton, el gigantesco legado de la reina del country se ha convertido en escenario de un enfrentamiento que mezcla familia, negocios, millones y tribunales. Y el protagonista inesperado es Bryan Seaver, su sobrino, el mismo hombre al que Dolly había elegido para comunicar públicamente su fallecimiento (en un vídeo difundido en sus redes sociales).
Frente a él está Danny Nozell, su mánager durante años y responsable de She’s Alive LLC, la sociedad encargada de gestionar y proteger los intereses profesionales de la estrella. Lo que empezó como una ruptura interna ha acabado con acusaciones de amenazas, un despido fulminante y una orden de alejamiento dictada por una jueza de Tennessee.
Seaver, hijo de Cassie Parton, hermana de Dolly, había trabajado como jefe de seguridad de la cantante durante casi dos décadas. El 25 de agosto apareció en un vídeo publicado en el Instagram de la artista para anunciar su muerte, a los 80 años, tras una breve batalla contra el cáncer. Contó que su tía le había confiado aquella misión mucho tiempo atrás. «Es un honor, un honor mezclado con un orgullo absoluto y una gran tristeza», dijo.
Menos de un mes después, todo ha saltado por los aires.
Despedido y acusado de amenazas
El 16 de septiembre, Seaver y sus empresas de seguridad fueron apartados de las propiedades de Parton. Él dijo sentirse «consternado» y señaló a Nozell y a Pinnacle Bank. La carta de despido incluía, sin embargo, un detalle crucial: la decisión no modificaba su posición como beneficiario personal del DP Dean Trust, el fideicomiso creado por Parton para gestionar sus propiedades e intereses empresariales.
La verdadera bomba llegó después. She’s Alive LLC acudió a los tribunales acusándolo de mantener una «campaña de amenazas, intimidación y coacción«. Según los mensajes incorporados al procedimiento y publicados por medios estadounidenses, Seaver habría amenazado con «destruir toda la marca» y con lanzar un ‘podcast’ capaz de perjudicar los negocios vinculados a Dolly si no recibía dinero.
«Soy un asesino»
Hay una frase todavía más inquietante. En uno de esos intercambios habría escrito: «No soy una persona del entretenimiento. Soy un asesino«.
El sobrino ofrece una versión radicalmente distinta. Asegura que sus palabras han sido arrancadas de contexto y que se trataba de conversaciones privadas mantenidas con Nozell en pleno duelo. «Dolly me llamaba su asesino. Era una broma que usábamos en su entorno«, explicó. También ha calificado la acción judicial de «truco publicitario» y sostiene tajante: «Nunca he amenazado a nadie».
La jueza entra en escena
La pelea ya no se libra solo entre despachos. El 23 de septiembre, una jueza de Tennessee concedió una orden de alejamiento temporal que obliga a Seaver y a su compañía a mantenerse a unos 305 metros de empleados, abogados y socios de She’s Alive. También le prohíbe interferir en determinadas relaciones comerciales. La siguiente vista está prevista para el 7 de octubre.
La tormenta es evidente, aunque dentro de los Parton intentan poner un cortafuegos. Freida Parton, hermana de Dolly, ha negado públicamente que exista una pelea familiar por el reparto de la fortuna. «No hay ninguna disputa dentro de nuestra familia. Nadie de la familia Parton/Owens está peleando por el patrimonio de Dolly», aseguró.
Por ahora, Seaver no ha dejado de ser beneficiario del fideicomiso. La batalla judicial se centra en su enfrentamiento con quienes administran el imperio profesional de su tía.
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