El avance continuado de la especie humana debe todo a la investigación científica, una disciplina imprescindible sin la cual no habría sido posible erradicar multitud de enfermedades ni alcanzar la cura de muchas otras patologías a lo largo de la historia. Cada conquista médica y sanitaria lograda por la humanidad tiene su origen en el esfuerzo de la ciencia, cuyo desarrollo constante permite salvar vidas y consolidar la salud pública como uno de los grandes pilares del bienestar colectivo.
Entre los desafíos más determinantes a los que se enfrenta la comunidad científica destaca la investigación del cáncer, una afección compleja que en realidad engloba diversas enfermedades con características singulares y comportamientos específicos en cada paciente. Gracias al esfuerzo investigador acumulado durante décadas, la mortalidad de varios tipos de cáncer ha experimentado una reducción progresiva, como se evidencia de forma clara en patologías como el cáncer de mama, el cáncer de colon o el cáncer de próstata.
Coincidiendo con el Día Mundial de la Investigación en Cáncer, que se conmemora cada 24 de septiembre, en ‘Mediodía COPE’ se ha reivindicado la figura del investigador científico. Se trata de una labor caracterizada por ser un trabajo silencioso, paciente y de una relevancia máxima para el progreso sanitario, pero que habitualmente cuenta con una escasa visibilidad social y rara vez recibe el reconocimiento público que merece por sus aportaciones a la sociedad.
Inestabilidad laboral y falta de recursos económicos
El profesor e investigador de la Facultad de Medicina de Ciudad Real, Mario Durán, ha enfatizado la necesidad de visibilizar este campo científico. Durante su participación en ‘Mediodía COPE’, el docente ha recordado que «el papel del investigador es crucial, no siempre se ve, porque nuestro trabajo en investigación, sea en este campo o en cualquiera, da un fruto a largo plazo». Asimismo, ha remarcado que «la única forma de avanzar es paso a paso seguir experimentando, seguir descubriendo cosas nuevas», advirtiendo de que «si no se avanza, en casos como el cáncer, no hay cura».
A la falta de proyección pública se suma la habitual precariedad económica que afecta al colectivo científico en España. Mario Durán ha explicado que, mientras en su caso cuenta con estabilidad laboral como profesor titular de universidad, los doctorandos y los científicos con contratos postdoctorales afrontan condiciones muy complejas. Estos profesionales perciben salarios reducidos y firman compromisos laborales de como máximo cuatro años, lo que genera una enorme inestabilidad personal en momentos decisivos de sus vidas.
Del mismo modo, el investigador ha alertado sobre la escasez de recursos en los proyectos de investigación, los cuales resultan cada vez más difíciles de obtener. «Cuando te lo dan, te dan muy poco dinero, mucho menos del que pides, y se exige que consigas los resultados que habías propuesto conseguir con el proyecto», ha detallado Durán, quien ha señalado que a menudo las partidas asignadas son insuficientes. Ante esta situación, muchos equipos se ven obligados a recurrir al crowdfunding como complemento para poder desarrollar investigaciones de calidad. «En ningún caso es tirar el dinero, porque con una investigación que salga bien ya puedes amortizar toda esa inversión previa», ha recordado Durán.
El desafío del glioblastoma y los interruptores moleculares
Mario Durán dirige el grupo de investigación en Estrés Oxidativo y Neurobiología en la Facultad de Medicina de Ciudad Real, centrado en el estudio de la bioenergética celular y su relación con enfermedades como el Alzheimer y los tumores cerebrales. Dentro de este ámbito, su equipo trabaja de forma específica en el glioblastoma, un cáncer de cerebro de baja incidencia que puede considerarse enfermedad rara, pero que presenta un carácter devastador al registrar una esperanza de vida de un año y medio aun con el tratamiento más agresivo.
A través de sus indagaciones, el grupo de investigación ha identificado una serie de proteínas que actúan como interruptores moleculares. Cuando estas proteínas se activan, permiten que la célula tumoral invada las estructuras cerebrales circundantes al tumor primario. Esta dispersión infiltrativa origina una masa de células ramificadas que impide que el neurocirujano pueda extraer la totalidad del tumor durante la intervención quirúrgica.
Actualmente, los investigadores trabajan con modelos celulares y modelos preclínicos de glioblastoma para determinar el funcionamiento de estos mecanismos y hallar vías para su regulación futura. Durán ha hecho hincapié en la importancia de este proceso previo, señalando que «hay que hacer primero ciencia básica, conocer lo que no se conoce, y después intentar aplicarlo e intentar curar». Finalmente, el investigador ha agradecido el altavoz mediático para concienciar a la sociedad sobre la dedicación diaria, nocturna e incluso en periodos vacacionales de la comunidad científica.
Hay que hacer primero ciencia básica, conocer lo que no se conoce, y después intentar aplicarlo e intentar curar»
Investigador contra el cáncer en la Facultad de Medicina de Ciudad Real














